Peregrinaciones de una paria

PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 99 inas 'había aventurado en detener mi pensamiento en M. Chabrié. Su amor , al que no podía corresponder, la pro– mesa que me habia arrancado y que sabía no podía mantener, pesaban sobre m1 corazón. Temía considerar ilas consecuencias de todo esto, sentía un dolor tan pro– ifundo, que no atreviéndome a confesar que Chabrié ~xistía todavía, casi hubiera deseado que una muertt. !funesta me permitiera derramar sobre él dulces lágrimas. 1 Cuántas veces, durante la noche, cuando el sueño huia de mis párpados, había hecho vanos esfuerzos para ador• mecer mi memorial A pesar mio mis 1·ecuerdos me lle– vaban de nuevo al Mexicano; veía a Chabrié apoyado al l:>orde de mi lecho, me hablaba de sus esperanzas de ifellcidad, me pintaba la dicha de que gozaríamos en esa. !hermosa California. Esos cuadros arrebatadores de amor y de tranquilidad, se me aparecían con todo su encanto: un poder invisible parecía presentarme su imagen para excitar mis pesares. Entonces se renovaban en mí los combates que había soportado en Valparaíso. El lnteres personal luchaba con obstinación contra las inspirac,o– nes generosas; un espíritu de tinieblas y un ángel agi• taban mi alma; pero el poder celeste venc1a siempre. Cuando M. Viollier me anunció esta nueva, me puse roja y temblorosa, después tan pálida que no pudo con– ;tenerse de preguntarme si estaba contrariada. -No abso– lutamente, le dije; quiero mucho a ese valiente capitan. Es un poco brusco; pero me ha demostrado tanto inte– rés durante mis cinco meses de sufrimiento, que siento hacia él la más sincera adhesión. A pesar de la emoción que no pude ocultar, M. Viollier no concibió ninguna sos– pecha; nadie, en efecto, hubiera podido creer que yo •pensaba en M. Chabrié y consintiese en pasar sobre los enormes defectos de su carácter, en favor de las cuali– dades de su corazón. La noche y el día siguientes, mi agitación fué extre– ma. Invocaba a Dios, pues, sentía debilitarse mi valor. M. Chabrié no vino en la mañana, tuve así una noche Y un día más para reafirmarme en mi resolución y pre• pararme a recibirlo. El sábado, hacia las ocho de la no-

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