Nuevas voces literarias

NUEVASVOCES LITERARIAS POETASYNARRADORESDELABIBLIOTECANACIONAL DEL PERÚ

www.bibliotecadigital.bnp.gob.pe Otros títulos de la BNP: Fábulas quechuas Versión adaptada de la obra de Adolfo Vienrich Ilustrado por Eunice Espinoza Es una edición bilingüe castellano - quechua chanca que contempla una selección de fábulas de Adolfo Vienrich y que, con las ilustraciones de Eunice Espinoza, se vigoriza la tradición y establecen una relación armónica entre el lenguaje visual contemporáneo y la tradición literaria peruana. Canciones viajeras Antologado por Pepita García-Miró Ilustrado por Brandon Isuiza Reúne letras que han cruzado caminos, tiempos y memorias. Son cantos que viajaron de voz en voz y que hoy encuentran en este libro un nuevo destino. Incluye piezas de la tradición popular junto a composiciones de Mario Florián Díaz, Pepita García-Miró, Juan Gonzalo Rose, José Arnaldo Márquez, César Calvo, Wilfredo Franco Laguna y Andrés Soto. Un tejido de voces que dialogan entre sí y mantienen viva la sensibilidad musical y poética del Perú.

Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú NUEVAS VOCES LITERARIAS

Nuevas voces literarias Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú © De los autores y autoras: Cecilia Morales, Frank Martínez, Helena Vargas, Gian Marco Osorio, Gladys Lizana, Jason Mori, Jorge Mateo, Julisa Espinoza, Llamil Vásquez, Óscar García, Pedro Perales, Rubén Robles y Ruth Alejos. © Biblioteca Nacional del Perú Av. De la Poesía 160, San Borja, Lima, Perú www.bnp.gob.pe Jefe Institucional de la Biblioteca Nacional del Perú: Juan Yangali Quintanilla Director de la Dirección del Acceso y Promoción de la Información: Leandro Villalobos Terán Coordinadora de Gestión Cultural, Investigaciones y Ediciones Isbel García Romero Equipo editorial: Editor: Miguel Rivera Manrique Compilador y coordinador: Pedro Perales García Diagramadora: Kelly Vásquez Chaparro Diseñadora de cubierta: Rashida Salés Nombera Corrector de estilo: Igor Neira Usquiano y Gladys Lizana Salvatierra Primera edición: marzo 2026 Tiraje: 1000 ejemplares Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú N.° 2026-03319 ISBN: 978-612-5205-22-3 Impreso en Tarea Asociación Gráfica Educativa Pj. Maria Auxiliadora N.° 156 urb. Breña Lima, Perú Ejemplar gratuito, prohibida su venta o reproducción Nuevas voces literarias : poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú / compilación y selección, Pedro Enrique Perales García ; presentación, Juan Yangali Quintanilla.-- Primera edición.-- Lima : Tarea Asociación Gráfica Educativa, 2026. 149 páginas ; 24cm. Compilación de obras de autoras y autores que integran el colectivo literario de la BNP, liderado por Pedro Perales García. Incluye bibliografías. D.L. 2026-03319 ISBN: 978-612-5205-22-3 1. Poesía peruana - Siglos XX-XXI - Colecciones 2. Cuento peruano - Siglos XX-XXI - Colecciones I. Perales García, Pedro, 1961-, compilador II. Yangali Q., Juan, 1981-, presentador III. Biblioteca Nacional del Perú, entidad editora 869.5008 BNP-DGC

Tabla de contenido Presentación Prólogo: Un nuevo encuentro con la poesía / Pedro Perales Experiencia, Nostalgia / Cecilia Morales Sánchez Solo instantes / Frank Martínez Roca Jauja, Llanto nocturno, Flor verde, Espérame, Puerto Bermúdez / Helena Vargas Apolinario Te esperaba tanto, Raquel / Gian Marco Osorio Prudencio Nostalgia, Mis recuerdos del Dr. Arbulú / Gladys Lizana Salvatierra Estar enamorado, ¿Quién pudiera?, Tiempo / Jason Mori Julca Tinderboy / Jorge Mateo Acuña La guerra de los libros, El libro pájaro, Hechizos de biblioteca / Julisa Espinoza Bedón Duermo en una estrella, Herido, Vientos alados, Números, Princesa mía / Llamil Vásquez Valencia Perdición, Uno 116, Preguntas a lo eterno, Último esfuerzo, Renacer del último abismo, Caminos, Rodeado de oscuridad / Óscar García Vásquez 7 9 13 23 41 61 79 89 101 111 71 31

Cantata de cruel invierno, El cigarro, Cabellera de dicha / su largo cabello era la noche, Tu mirada se desata, Parca y ominosa, Enseñanza / Pedro Perales García Los pasos infinitos / Rubén Robles Chinchay A mi biblioteca, Mi biblioteca modelo, Estrella del sur, El refugio del saber / Ruth Alejos Aranda 123 135 143

7 Nuevas voces literarias Nos complace anunciar la primera publicación de poetas, narradoras y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), un proyecto que ha sido posible gracias a la iniciativa de las propias autoras y autores, quienes forman parte de este colectivo literario de la BNP, liderado por Pedro Perales, de la Dirección de Bibliotecas Desconcentradas, pedagogo especializado en lengua y literatura y personal que actualmente labora en la Estación de Biblioteca Pública de Comas. Con esta publicación, buscamos contar con un espacio propio para difundir y promover el arte de nuestra gran familia de la BNP. Esta primera edición marca el inicio de un camino que busca fortalecer la presencia literaria de los miembros de nuestra comunidad bibliotecaria. Recordemos la destacada labor de grandes escritores que, además de sus obras literarias, desempeñaron roles cruciales en el mundo bibliotecario. Es el caso de nuestro compatriota Ricardo Palma, reconocido escritor y director de la Biblioteca Nacional del Perú. También podemos mencionar a Gabriel García Márquez, quien, en su juventud, fue bibliotecario en el periódico El Universal en Colombia, y a Jorge Luis Borges, quien fue director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina. También recordemos a Virginia Woolf quien participó activamente en el Círculo de Bloomsbury en el Reino Unido; al gran poeta rumano Mihai Eminescu, bibliotecario en la Biblioteca Nacional de Rumanía, y al gran maestro ruso Vladímir Nabókov, quien fue bibliotecario y profesor en la Universidad de Cornell. La relación de estos escritores con las bibliotecas enriqueció su proceso creativo y les permitió preservar y difundir la literatura y el conocimiento. Presentación

8 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú En esta publicación, los lectores encontrarán una muestra diversa de obras que incluyen poemas y relatos de gran riqueza literaria. Presentan sus poemas: Cecilia Morales, Frank Martínez, Gladys Lizana, Helena Vargas, Jason Mori, Llamil Vásquez, Óscar García, Pedro Perales y Ruth Alejos; mientras que Gian Marco Osorio, Rubén Robles, Jorge Mateo y Julisa Espinoza nos comparten sus narraciones. A través de sus palabras, abordan temas que exploran desde lo personal hasta lo social, con un lenguaje que invita tanto a la reflexión como a la emoción. Juan Yangali Quintanilla Jefe Institucional de la Biblioteca Nacional del Perú

9 Nuevas voces literarias Un nuevo encuentro con la poesía Aquel, pues, que sin la locura de las musas acude a las puertas de la poesía persuadido de que, como por arte, va a hacerse un verdadero poeta, lo será imperfecto, y la obra que sea capaz de crear, estando en su sano juicio, quedará eclipsada por la de los inspirados y posesos… Platón en un pasaje del Fedro En el epígrafe, Sócrates enfatiza que solo se es un buen poeta por disposición de la divinidad y que solo por ese camino se puede llegar a una creación lograda. La literatura, a lo largo de los años, ha sido y es una forma de vida para muchos que hemos tomado este camino. Y, por supuesto, en este trayecto siempre hay iluminaciones y grandes resplandores. Estas iluminaciones serían personas que utilizan el hado poético para explicar o manifestar momentos grandes de su vida, y muchas veces coinciden con eventos deslumbrantes. Y este sería uno de ellos. Los grandes resplandores serían la ratificación de un deseo, de un interés por afirmarse como escritor como parte de un hábito de vida. Esta obra reúne tres coincidencias: la ratificación, la iluminación y la biblioteca. Más de una vez he mencionado lo importante que ha sido para mí el hecho de llegar a una biblioteca, y sobre todo a la primera biblioteca del Perú.

10 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Pues ha sido y es un gran honor seguir recorriendo las salas y depósitos de nuestra biblioteca, sobre todo del histórico local de la Av. Abancay. Grande es mi satisfacción por el hecho de recibir a nuevos compañeros de ruta, junto a otros de recorrido conocido, y sobre todo por coincidir en esta, nuestra casa. El hado poético se regodea en estos espacios donde convivimos con libros. Dos elementos han sido primordiales para esta selección: la identificación con la institución y la persistencia y constancia en la creación de los convocados, aspecto que se puede identificar por sus actos al interior de la biblioteca. Por supuesto, también se vive en poesía en el acto diario de convivir en el trabajo y con los retos cotidianos de la actividad. ¡Enhorabuena, poesía!, llegas cuando más te necesitamos… Yo / no / tengo / por qué / decir / a / los / demás / que / ha / perecido / la / Tarde / en / mis / brazos. Crepúsculo. La generación del noventa (1993) Cecilia Morales nos propone una poesía intensa, del dolor y de la nostalgia, del camino de la vida y su atardecer, así como el hálito del recuerdo de un amor efímero que arrastra como fuego sus sentimientos; he ahí el asidero de Nostalgia. Por otra parte, Frank Martínez nos introduce a su mundo poético de verdades y certezas. La magia del haiku nos salpica con su trascendencia. Solo instantes nos transmite calma y sapiencia. ¿Quién no rememora a los grandes cultores de la poesía andina? El más grande de ellos, nuestro José María Arguedas. Pero también recordamos los aires de la serranía en la escritura de Alfonsina Barrionuevo. De esa estirpe es Helena Vargas, poesía muy sentida, con aires de tierra, de tubérculo de montaña. Sus poemas Flor verde y Llanto nocturno reflejan esa honda convivencia con estos lares.

11 Nuevas voces literarias En la antípoda, una visión serena y cosmopolita del mundo y de las relaciones humanas, hace su aparición en Te esperaba tanto, Raquel, de Gian Marco Osorio, con sus gestos literarios que rememoran las letras de Bryce, Cueto y un eco de Ribeyro. Una nota emotiva y muy nutritiva nos brinda Gladys Lizana, quien en Mis recuerdos del Dr. Arbulú ofrece un valioso alcance sobre un ilustre personaje que marcó su juventud. Su poema Nostalgia es profundo y muy gráfico sobre las emociones de nuestra escritora. Jason Mori libera el hado romántico con un erotismo medido en Estar enamorado, ¿Quién pudiera? y Tiempo. Más adelante, Jorge Mateo nos sorprende con su Tinderboy, narrativa de tinte vanguardista influenciada por la versatilidad de las redes y la electrónica; sus secuencias cortas, de gran dinamismo, sorprenden por su fluidez y su gran capacidad de descripción. Una sonrisa y una serena calma alegran el corazón con la lectura de los textos de Julisa Espinoza. Hechizos de biblioteca y El libro pájaro han sido pensados y sentidos para el público infantil. En el cuento La guerra de los libros, estos siguen librando su batalla en los estantes de las bibliotecas por conquistar a los lectores ávidos de aventuras. Llamil Vásquez, por otro lado, matiza su presentación literaria con poemas que nos hablan de pasados victoriosos y momentos solemnes. También se anima a probar con poesía numérica. Para esta ocasión, sus poemas Números y Vientos alados describen su camino de búsqueda personal. Óscar García, muy íntimo y de profunda sinceridad, nos deja ingresar a su mundo: donde la poesía se ha vuelto un camino de liberación por encima de la muerte y la depresión. Rodeado de oscuridad y Último esfuerzo son muestras de este recorrido.

12 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Pedro Perales nos da una muestra itinerante de algunos de sus registros poéticos; palpita en sus palabras un sentimiento por el Padre y una visión romántica a través de Tu mirada se desata. Sus poemas son cincelados con gran precisión y capacidad de síntesis. Rubén Robles, a través de Yacunta, nos introduce en un mundo ancestral de respeto y veneración a la tierra y a los antepasados, a través de referentes geográficos e históricos. Da a conocer un poco más de lo invaluable de nuestras creencias milenarias. Ruth Alejos nos presenta poemas candorosos y efusivos dedicados al ambiente llamado biblioteca; en ellos encontramos la vivencia madurada a través de años de contacto con la comunidad. A mi biblioteca y Mi biblioteca modelo son ejemplos de la emoción y el mensaje hacia las futuras generaciones. Así se presentan estos trece representantes literarios de la BNP, para satisfacción de la nueva hornada de referentes de esta especial forma de manifestación humana. La resistencia espiritual de una sociedad descansa en manos de sus creadores artísticos, y mucho más si a estos representantes los une una institución histórica. Larga vida a los poetas y a su poesía en la BNP. Pedro Perales García Compilador

13 Nuevas voces literarias Cecilia Morales Sánchez Lima, 1973 Licenciada en Educación Inicial por la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle – La Cantuta y bachiller en Bibliotecología y Ciencias de la Información por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha trabajado en programas no escolarizados (PRONOEI) y cuenta con formación especializada en educación infantil y lectura temprana. Participó en el taller de bebetecas “Duerme negrito” de la Casa de la Literatura Peruana y en el curso “Arte y juego: marco conceptual para el acompañamiento psicosocial a niños, niñas y adolescentes”. Actualmente se desempeña como encargada de la Sala Infantil Amalia Aubry de Eidson de la Gran Biblioteca Pública de Lima. Correo electrónico: cecilia.morales@bnp.gob.pe

14 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú “Leer siempre es una forma de inspirarse y crear” ¿Recuerdas algún momento específico -un libro, un autor, una biblioteca- que haya cambiado tu forma de escribir o de entender el mundo? Desde la niñez siempre me interesó la estética de la palabra y que a través de ella puedo expresar mis emociones. El arte de la palabra inspira a transmitir emociones. En lo particular admiro a las poetas Carmen Ollé, Blanca Varela y Alejandra Pizarnik. ¿Qué hábitos o rutinas forman parte de tu proceso de escritura? Leer siempre es una forma de inspirarse y crear. Leer todo tipo de libros y especialmente leer poesía de otros autores es el mejor hábito para crear y tener nuevas ideas. Mi mejor hora para trabajar poesía es en la noche, cuando mi hija y mis padres duermen. A esa hora me olvido del cansancio del día. Es una hora de fructífera labor.

15 Nuevas voces literarias ¿Qué descubrimientos personales o literarios has hecho gracias a tu interacción constante con los libros, autores y colecciones de la Biblioteca Nacional del Perú? Trabajo en una sala de lectura para niños donde tenemos diferentes clases de literatura, que me permite revisar, explorar e investigar la forma de la palabra, teniendo libros que transmiten emociones y conocimiento. Me gusta en lo particular jugar con la posibilidad de escribir lo que no dijo el autor y mi fantasía me lleva a buscar otros finales. ¿Qué significa para ti participar, como funcionaria de la Biblioteca Nacional del Perú, en esta primera colección literaria? Es realmente emocionante haber sido considerada en esta primera edición. Es un gran incentivo para mi labor literaria, que siempre había desarrollado en silencio. Ahora me voy a permitir desarrollar con mayor profesionalismo esta hermosa actividad. ¿Cómo presentarías tu texto incluido en esta publicación ante los lectores? Este texto es una manifestación literaria profundamente personal, que abro como una puerta para que cada lector pueda cruzar en su propio tiempo. Los poemas que componen este trabajo han sido escritos con una gran carga emocional, y mi mayor deseo es que esa emoción se transmita con cada palabra. Aspiro a sembrar en el espíritu de los lectores una semilla de reflexión, de aprecio por la lectura y la escritura, porque considero que son más que simples actividades: son formas de vida, de conexión con uno mismo y con el mundo que nos rodea.

16 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Experiencia 1 Las agujas del reloj avanzan sin parar... el tiempo prosigue la juventud se aleja y la senectud llega. Es parte de la vida que se disfruta y se llora, se derraman lágrimas que, con el tiempo, hacen fuerte nuestro andar.

17 Nuevas voces literarias 2 Los recuerdos vividos van quedando... los cabellos se van pintando de color de plata, y la piel se hace enervada. El caminar se hace tranquilo, la juventud se retira poco a poco, y la experiencia te aconseja.

18 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú 3 S e r p a c i e n t e y maestro

19 Nuevas voces literarias quedando en la historia y el recuerdo lo aprendido, las enseñanzas parte de la experiencia se hace sólida con el tiempo

20 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Nostalgia Saber que no te veré que dejas una herida sin cicatrizar te fuiste como una gota de agua que se desvanece. Dejas solo tu recuerdo de quien fuiste al amigo que deja sus alegrías y tristezas, ahora eres una estrella no se ve a veces, pero presiento su presencia. Al compañero que muestra su entrega de hacer lo mejor de su labor, del maestro que deja su sabiduría inspirando la sed de aprender.

21 Nuevas voces literarias Ellos se fueron, dejan la nostalgia de que en vida dejaron una herida que el tiempo hará cicatriz y me queda un gran recuerdo.

23 Nuevas voces literarias Frank Martínez Roca (Lima, 1976) Estudió Bibliotecología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). Participó en la Muestra Poética del grupo “El Club de la Serpiente”, al cual pertenece. Es un entusiasta lector de los textos que recogen las máximas de la sabiduría oriental. Correo electrónico: frankturlis@gmail.com

24 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú “Mis poemas buscan capturar el instante y reflexionar sobre la vida” ¿Recuerdas algún momento específico -un libro, un autor, una biblioteca- que haya cambiado tu forma de escribir o de entender el mundo? Conocer la poesía de Javier Heraud y Luis Hernández fue un descubrimiento decisivo para mí, al igual que la lectura de los poetas de la generación del 70, cuyos libros encontré en la Biblioteca Nacional y en la Facultad de Letras de San Marcos. También me han influido profundamente textos de sabiduría oriental, como el Dhammapada. ¿Qué hábitos o rutinas forman parte de tu proceso de escritura? No tengo rutinas específicas, pero desde hace más de veinte años escribo un diario íntimo. Suelo inspirarme en la vida cotidiana, en momentos personales difíciles y, a veces, en la música. Mi escritura nace de emociones muy personales.

25 Nuevas voces literarias ¿Qué descubrimientos personales o literarios has hecho gracias a tu interacción constante con los libros, autores y colecciones de la Biblioteca Nacional del Perú? Recuerdo que cuando trabajaba como referencista en la Gran Biblioteca Pública de Lima (GBP) de la BNP fue una alegría descubrir los libros de los poetas de la generación del 90. Por ejemplo, en la Sala Pública de Arte y Literatura, encontré muchos libros de poesía y narrativa peruana que disfruté profundamente. ¿Qué significa para ti participar, como funcionario de la Biblioteca Nacional del Perú, en esta primera colección literaria? Es muy significativo, debido al prestigio que tiene la Biblioteca Nacional como una de las principales instituciones culturales del país. Me alegra participar en esta publicación por el alcance y la difusión que tendrá. ¿Cómo presentarías tu texto incluido en esta publicación ante los lectores? Mis poemas buscan capturar el instante y reflexionar sobre la vida.

26 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Solo instantes 1 Un poema roto, una noche oscura. Una vela riéndose, de mi escalofriante desnudez.

27 Nuevas voces literarias 2 Las claras luces aparecen tintineantes cuando se está un poco atento. Aunque resista a ese camino tortuoso, pero sincero, que se revela en este presente efímero. Quien alguna vez me conoció sabrá comprender estas palabras, a pesar de mi escasa locuacidad. Aún estaré por aquí, aunque sé que será por poco tiempo.

28 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú 3 Su caminar era lento, auscultaba todo el sendero. Lo encontraba enamorado del silencio. La nada era su mayor contemplación. 4 Sol, por tu bendición soy un ser luminoso. Vuelvo a tu mirada, regreso a tu silencio.

29 Nuevas voces literarias 5 Dos poemas no son igual a uno. El precioso instante no es el mismo un segundo antes ni un segundo después. Las palabras pueden construir puentes indestructibles o abrir grietas insalvables. “Las palabras tienen el poder de destruir o sanar”. Miro el horizonte y puedo reconocer la certeza de estas reflexiones. Mas ahora, es necesario volver a la soledad de la página en blanco la mente en blanco

30 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú y recién entregarnos a un escaso tiempo de paz y armonía.

31 Nuevas voces literarias Helena Vargas Apolinario (Huancayo, 1972) Bibliotecóloga, magíster en Literatura con mención en Estudios Culturales y con estudios en Archivística. La escritura, especialmente la poesía, ha sido una forma de acompañar sus trayectos y experiencias, muchas de ellas marcadas por los viajes. Escribe desde lo vivido, pero también desde aquello que la memoria transforma. Correo electrónico: vargashelen685@gmail.com

32 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú “En la Biblioteca aprendí que la inspiración también es un acto de lectura” ¿Recuerdas algún momento específico -un libro, un autor, una biblioteca- que haya cambiado tu forma de escribir o de entender el mundo? Haber estado rodeada de libros, especialmente desde que ingresé como practicante a la Biblioteca Nacional, marcó profundamente mi manera de ver el mundo. Tomar un libro, abrirlo, leer y comprender lo que podía a mis veinte años, entre tantas obras diversas, fue una experiencia que amplió mi mirada y sensibilidad. ¿Qué hábitos o rutinas forman parte de tu proceso de escritura? Cuando sentía inspiración, anotaba mis ideas en un cuaderno de apuntes. Con el tiempo, volvía a leerlas, las retocaba y me generaban una sensación de satisfacción, como si una parte de mí escribiera para otra versión de mí misma. Esa pequeña rutina me permitió reconocer mis emociones, ordenar mis pensamientos y transformar momentos cotidianos en semillas de futuros textos.

33 Nuevas voces literarias ¿Qué descubrimientos personales o literarios has hecho gracias a tu interacción constante con los libros, autores y colecciones de la Biblioteca Nacional del Perú? Conocí al escritor e investigador Mario Florián, quien acudía como lector a la Sala de Investigaciones. Le mostré un poema y él le añadió una palabra; era el poema La última hora al amanecer, inspirado en el cielo andino, la naturaleza, los árboles y las aves cuando asoman los primeros rayos del sol. ¿Qué significa para ti participar, como funcionaria de la Biblioteca Nacional del Perú, en esta primera colección literaria? Ha sido realmente una sorpresa participar en esta primera colección literaria como funcionaria de la Biblioteca Nacional del Perú. Siento una mezcla de gratitud y alegría al ver que una parte íntima de mi vida toma forma en un proyecto colectivo. Espero que este trabajo logre cautivar a algún alma, así como yo misma fui cautivada, y que contribuya, aunque sea modestamente, a fortalecer el vínculo entre los lectores y la institución que me ha acompañado tantos años. ¿Cómo presentarías tu texto incluido en esta publicación ante los lectores? Son poemas que surgieron en una etapa temprana de mi vida, marcada por el descubrimiento y la sensibilidad, sorprendida por la naturaleza y, en especial, por las personas del mundo andino. Los presento como pequeños retratos de esa época, escritos con la honestidad y la mirada abierta de mis primeros años, donde cada imagen y cada emoción buscaban encontrar su propia voz dentro del vasto universo que ofrecen los libros y las experiencias humanas.

34 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Jauja Eucaliptos plateados, trenzas azabaches eucaliptos verdes mantas blancas, azules, rosas y verdes. Eucaliptos dorados. Jauja. Tumbos en la boca, nubes cercanas, rostros canela, rostros de papa vieja. Eucaliptos rojos, sol de noche, luminaria, el yuyo, la alfalfa, el río, el ave, los grillos, y las ranas conversan con la eternidad del tiempo. Poesía personal, 2008

35 Nuevas voces literarias Llanto nocturno ¡Mama, ma, maa, ma, mamay! Lamento solitario, gemido infantil. A ratos, asustándolo, su madre le decía historias oscuras sobre los gatos. Su padre: ¡Cállese, carajo! ¡Quiero dormir!, ¡quiero dormir! ¡Mami, maa, maa...! ¡Duerme, mi amor, ven hijito! Poesía personal, 2008

36 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Flor verde Soy flor verde de raíces largas, floto incansablemente, me hallan de trapiche en trapiche. Algunas veces, otras flores sacuden su polen de novias. Soy testigo del nacimiento diario de las hijas de los berros, tranquilas florecillas, sostenidas, siempre van. Por las noches, la luna muda me mira. Por las mañanas, algunos chiquillos me cogen, juegan con mi ser, me arrancan algunos pétalos, otros dicen: —¡Qué extraña!, ¿qué parece?

37 Nuevas voces literarias —Parece una flor. ¡No! ¡Arrójala! ¡Qué fea es! En ocasiones, y al filo del río, vienen parejas, la hondura de sus miradas al cielo las dirigen o al elevado cerro. Soy flor verde que no sabe más. Mas, a diario siento las piedrecillas arrojadas por el viento, el cual, en desconsuelo, huye. En muchas ocasiones he desfallecido. Al siguiente amanecer, tengo nuevas hojas, nuevos pétalos. Soy flor verde, la de un solo color, la del color extraño. Poesía personal, 2008

38 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú Espérame El sol inmenso trae tu recuerdo, Chiquito, tu sonrisa miel, tu mirada cielo. Un amanecer más, Espérame. Subiré otra vez por los cielos. Mañana mi pecho será tu refugio, tu sol, Chiquito. Poesía personal, 2008

39 Nuevas voces literarias Puerto Bermúdez Allá está Puerto Bermúdez, donde la lluvia no lastima, donde el tiempo está hecho un caparazón para sus plantas, sus tierras, sus aguas, sus flores, su gente… Puerto Bermúdez, la lluvia invade en las noches, y en las mañanas, y en las tardes, y en los momentos de sueño profundo. Puerto Bermúdez, las cañas, el río transmite el paso vivo de grandes y chicos. El fruto de la rosa, 2015

41 Nuevas voces literarias Gian Marco Osorio Prudencio (Lima, 1975) Bibliotecólogo con maestría en Gestión Cultural y Desarrollo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha complementado su formación en Relaciones Públicas, Liderazgo Social, Museología, Museografía, Libro Antiguo, Catalogación y Conservación en instituciones de Perú, Chile, Argentina, Colombia, España y Guatemala. Desde 2003, forma parte de la Biblioteca Nacional del Perú, donde promueve el conocimiento y la difusión del patrimonio bibliográfico y documental del país. Ha publicado artículos en Fénix y en el Boletín de la Biblioteca Nacional del Perú, y es autor de El legado de Prisma: el inicio de las artes gráficas del Perú del novecientos. Correo electrónico: gian.osorio@bnp.gob.pe

42 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú “Las bibliotecas no son lugares inmóviles ni silencios perpetuos: son espacios vivos, donde las ideas circulan y los sueños encuentran refugio” ¿Recuerdas algún momento específico -un libro, un autor, una biblioteca- que haya cambiado tu forma de escribir o de entender el mundo? Siempre fui un lector devoto de la literatura clásica. Ellos formaron mi primera mirada, mi manera inicial de entender la belleza y la tragedia humana. Sin embargo, todo cambió cuando llegó a mis manos un libro que alteró para siempre mi ruta de lector: Tantas veces Pedro, de Alfredo Bryce Echenique. Desde sus primeras páginas, aquella voz narrativa —oral, expansiva, llena de un humor irónico que desarma— me envolvió por completo. En sus líneas descubrí una forma distinta de contar: ligera y profunda al mismo tiempo, capaz de mezclar la realidad con la fantasía hasta volverlas inseparables. En ese instante decidí que yo también quería escribir, que quizás era posible intentarlo.

43 Nuevas voces literarias ¿Qué hábitos o rutinas forman parte de tu proceso de escritura? Como mencioné antes, el libro de Bryce fue la chispa que encendió en mí el deseo de escribir. Me ayudó a vencer el miedo al papel en blanco y me ofreció una forma de escapar, de inventar un mundo propio donde pude empezar a ordenar mis inquietudes. Nunca he pasado por un taller de creación literaria ni he asistido a cursos formales; mi formación ha sido más bien intuitiva, alimentada por las conversaciones con buenos amigos de la universidad, igual de locos que yo por la literatura. Las ideas suelen llegar de improviso, en cualquier lugar, sin avisar, como si estuvieran siempre al acecho. Pero la verdadera construcción de mis personajes sucede cuando salgo a correr. Es allí, en ese instante en que el cuerpo se libera, que mi mente comienza a dar vida a las historias. Es mi ritual secreto, la forma en que escribo sin lápiz, corriendo hacia mis propios mundos. ¿Qué descubrimientos personales o literarios has hecho gracias a tu interacción constante con los libros, autores y colecciones de la Biblioteca Nacional del Perú? Ingresé a la Biblioteca Nacional del Perú siendo casi un muchacho: tenía diecinueve años y estudiaba el segundo año de Bibliotecología. Mi primera parada fue la hemeroteca, y desde allí comencé a recorrer, paso a paso, las demás salas, como quien explora los pasillos de un templo antiguo lleno de voces que aún hablan. Entre todas hubo dos salas que me marcaron profundamente: la de Historia y la de Literatura. Allí devoré libros con una avidez casi febril, como quien busca una revelación. Y en medio de ese hallazgo apareció una figura entrañable: Margarita Martínez, una mujer de gran corazón que supo acompañarnos en esa etapa de formación, con paciencia y afecto. Para quienes ingresamos en esa promoción, ella fue más que una guía: fue una maestra silenciosa, una cómplice de nuestros primeros pasos.

44 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú ¿Qué significa para ti participar, como funcionario de la Biblioteca Nacional del Perú, en esta primera colección literaria? Participar en esta primera colección literaria como funcionario de la Biblioteca Nacional del Perú es, para mí, un impulso renovado para seguir escribiendo. Es una travesía que comenzó en mis años de universidad —aquellos tiempos de locura y descubrimientos— y que hoy sigue creciendo, más madura, pero igual de apasionada. También es un acto de gratitud hacia la institución que no solo me formó como profesional, sino que me ayudó a enfrentar mis propios temores y a dar forma a esas historias que siempre han rondado en mi cabeza. Y es que las bibliotecas no son lugares inmóviles ni silencios perpetuos: son espacios vivos, donde las ideas circulan y los sueños encuentran refugio. En ellas, todos —funcionarios, autores, lectores— somos parte de un mismo relato en constante construcción. ¿Cómo presentarías tu texto incluido en esta publicación? Mi cuento, Te esperaba tanto, Raquel, nació de esa atmósfera, de ese bosque de voces. Surgió en fragmentos arrebatados a la contemplación y al dolor, en tardes donde el sol de Madrid parecía devorar las calles y devolverlas como un espejismo. Lo escribí pensando en pasillos de museos, en estaciones que laten como heridas públicas, en encuentros breves que, sin embargo, marcan una vida entera. Este cuento habla de amores fulminantes y ausencias que arrasan, de los mapas de la memoria que se fracturan frente a la tragedia. Pero, sobre todo, habla de la escritura como un exorcismo. Al narrar la espera, al pronunciar el nombre de Raquel, al evocar el rumor de Atocha, ordené el caos y le di permanencia a lo efímero, salvando del olvido emociones destinadas, de otro modo, a desvanecerse en la prisa de los días.

45 Nuevas voces literarias Te esperaba tanto, Raquel Conocí a Raquel en la Expendeduría de Tabacos 145, en la calle Noviciado de Madrid, muy cerca del departamento que alquilaba a finales de los noventa. La temporada de primavera había comenzado, y el clima se tornaba agradable y cálido, lo que hacía que Madrid se transformara en algo especial. Durante esa temporada, sus terrazas al aire libre, sus parques y jardines se convertían en espacios de libertad y en puntos de encuentro. Llevaba un vestido corto de verano, de color azul claro, que hacía relucir con mucho más detalle su piel clara y algo bronceada; sus ojos eran grandes y castaños, con cejas marcadas y pobladas, y unos labios finos de color rosa. Cuando me distraje viendo la botillería del lugar, ella salió del establecimiento. “¡Maldición!”, bramé, recriminándome por desperdiciar el momento. Cuando tuve al vendedor frente a mí, no me atreví a preguntarle por la chica que había estado en la tienda hasta hacía un momento; solo atiné a comprar un Petit Verdot de Abadía Retuerta y un paquete de cigarrillos Fortuna, para luego salir del lugar. Para mi sorpresa, ella estaba parada en la vereda, fumando y mirando el cielo despejado de aquella mañana, aprovechando cada rayo de sol. Cuando sintió mi presencia al salir del local, giró para verme. —Hola, chaval —me dijo, mirándome a los ojos con una sutil sonrisa. —Hola, guapa. Veo que fumamos la misma marca de cigarrillos —le dije, sin advertir que era una manera muy estúpida de entablar conversación. Cuando encendió un cigarrillo, ella pudo ver lo que tenía en la bolsa de compras.

46 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú —Por lo visto tendrás una farra el día de hoy —comentó. —No, para nada. El fin de semana vendrán algunos familiares y aproveché para comprar un vino para la cena —respondí. Qué gran mentira. Llevaba el vino para que me acompañara en mis horas de lectura y escritura. Ella se veía mucho más hermosa con los rayos del sol. —Qué pena, me hubiera gustado acompañarte… si fuera hoy, claro —exclamó con coquetería. —¿Cómo te llamas? —le pregunté. —Soy Raquel —respondió, con una pequeña sonrisa en los labios. —¿Y dónde vives, Raquel? —le pregunté. —En la cuadra cuatro de Noviciado —contestó. Inmediatamente le comenté que yo vivía en la cuadra seis de esa misma calle. —¿Y de dónde eres, Roberto? —preguntó. —Soy de Perú —repuse. —A mí me encanta un escritor de tu país: Bryce Echenique. ¡Me parece fantástico! Y mira tú, qué coincidencia, me recuerdas a un personaje de sus novelas: Pedro Balbuena. Por casualidad, ¿te gusta escribir? —La verdad es que sí, Raquel, pero muy poca gente lo sabe; siempre lo he mantenido en secreto. Llevo un tiempo tratando de terminar una novela, pero todavía no la concluyo. A mí también me gusta cómo escribe Bryce, pero a mí me recuerdas a un personaje de Juan Marsé que se llama Teresa. —¡Las últimas tardes con Teresa! —respondió—. Pero ¿por qué crees que soy pija, Roberto? —replicó ella. Claramente había leído la novela—. No pertenezco a ninguna alta burguesía catalana; al contrario,

47 Nuevas voces literarias soy madrileña, salida de un barrio marginal de la ciudad. —Pues me recuerdas a Teresa, porque no eres como la chica madrileña que conozco, Raquel. Al contrario, pareces retratada por algún escritor que no llegó a terminar su novela y te mantuvo siempre en su mente. Mientras le decía todo eso, en mi mente solo podía pensar en lo hermosa que era. —Gracias por el cumplido, Roberto —respondió. Tras mirar su reloj, dijo lo que me temía—: Tengo que irme, pero espero verte pronto, Roberto. Me gustó mucho conversar contigo. Me quedé detenido ahí, viendo cómo se perdía entre la gente que ya comenzaba a circular por Noviciado. *** Hace casi nueve meses que había llegado a Madrid por una beca de la Fundación Carolina para estudiar en la Facultad de Ciencias de la Documentación de la Universidad Complutense. Estuve todo el invierno muy pendiente de los cursos de la universidad y tenía poco tiempo para mi vida personal. Pasaron los días y no volví a cruzarme con Raquel. A pesar de que, según me dijo, vivíamos a solo dos cuadras de distancia. No había rastro de ella, era como si la tierra se la hubiera devorado. El único cariño lo tuve en el cybercafé del barrio La Latina, donde conocí a Lyaksandra, quien me entretenía contándome leyendas de sus ancestros ucranianos. El verano había pasado así, las clases ya habían comenzado y Lyaksandra se había convertido en mi mejor amiga, y pasábamos juntos mucho tiempo en casa. Hasta que una noche llegó al

48 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú piso, algo contrariada. Tras abrazarme muy fuertemente, me dijo que no podía volver a verme y que solo había ido para despedirse. La abracé y comencé a besarla; sentía que sus lágrimas bajaban por su bello rostro, y que los latidos de su corazón aumentaban en cada beso. Mientras secaba sus lágrimas con las yemas de mis dedos, cerré la puerta suavemente con el pie. Nos abrazamos con una fuerza que parecía querer detener el tiempo. Había rabia, tristeza y un cariño desesperado mezclándose en cada gesto, como si ambos supiéramos que aquello era una despedida. Pasamos la noche juntos, aferrados el uno al otro, dejando que la pasión y la nostalgia hablaran por nosotros. Fue una noche intensa, llena de palabras susurradas y silencios que decían más de lo que nos atrevíamos a admitir. Cuando descansábamos en la cama, abrazados, murmurando lo extraordinario que había sido todo, pestañeé un instante. Al despertar, Lyaksandra no estaba. Sobre la mesa de noche encontré solo un papel que decía: “¡Nunca me olvides, por favor! Yo no lo haré”. Fue la última vez que la vi. Al no tener noticias de Raquel ni de Lyaksandra, debía buscarme alguna otra afición en la que ocupar mi tiempo y mi cabeza. Fue así como volví a una tendencia adquirida por la práctica frecuente de los días domingos. A primera hora de la mañana, salía del edificio y caminaba en dirección a la Estación Noviciado para tomar la línea 2 del metro, pasando por las estaciones Santo Domingo, Ópera, Sol y Sevilla, hasta llegar a mi parada final, que era la estación Banco de España, situada bajo la calle de Alcalá, junto a la Plaza de Cibeles. Al salir de la estación, tomaba el Paseo del Prado y caminaba por aquel bulevar histórico de Madrid. Hasta puedo recordar el olor de sus flores en primavera y el aroma del cigarrillo de sus paseantes en invierno. El acceso a la pinacoteca era impresionante; en su pórtico podías observar las seis columnas toscanas con pronunciadas cornisas, y el

49 Nuevas voces literarias monumento a Velázquez que vigila el palacio. Al cerrar los ojos, puedo recordar cada recodo de aquella figura sedente, con su paleta y pincel en posición de descanso, que imitaba el autorretrato del pintor de Las Meninas. La pieza que habitualmente visitaba era la de El jardín de las delicias, aquella obra emblemática y enigmática de El Bosco, que representa el tercer día de la creación. El panel izquierdo representa al Paraíso, aquel mundo ideal; el panel central representa nuestro mundo terrenal, donde el pecado y el placer humano son símbolos de nuestra actualidad; y el panel derecho es el Infierno, aquel lugar donde El Bosco condena el juego, la música profana, la lujuria, la codicia, la avaricia, la hipocresía y el alcoholismo. Aquella mañana de invierno estaba frente a El jardín de las delicias, contemplando el panel del Infierno. No había mucha gente en la sala, solo el cuadro y yo, tratando de interpretar la falta de moralidad del ser humano en un mundo caótico como el de ahora. Muchas veces me descubría preguntándome: “¿Por qué no acabar con este mundo para volver a empezar? ¿Por qué nos hemos ido transformando en pecadores?”. El rumor de un grupo de personas que realizaba una visita guiada me sacó de aquel estado de ensimismamiento. Además de las risas y murmullos, sentí unos pasos que se acercaban muy lentamente. —Roberto, ¿eres tú? Cuando giré el rostro, pude ver a Raquel. Habían pasado ocho meses, 24 días y 16 horas de nuestro primer y único encuentro. —¡Hola, Raquel! —respondí con mucha sorpresa. —¡Qué bueno que te acuerdes de mí! —contestó. Cómo decirle que estaba esperando este momento desde hacía mucho tiempo.

50 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú —Después de ese día nunca más te volví a encontrar. ¿Ya no vives por Noviciado? —le pregunté. —Claro que vivo por ahí, nunca dejaré ese lugar. Por más que quisiera irme, no puedo, Roberto, siempre retorno—contestó. No volví a preguntarle sobre el lugar donde vivía, no quería alejarla de mi lado. Los amigos con los que había ido nos miraban, murmuraban y sonreían. —Tus amigos se van —le dije al notar que la guía los dirigía a la sala contigua. —No te preocupes por ellos, Roberto. Luego los alcanzaré. Estuvimos toda la mañana paseando por las salas del museo, donde compartimos largas charlas sobre algunos cuadros que nos interesaban: Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán, de Pedro Berruguete; El caballero de la mano en el pecho, de El Greco; Retrato ecuestre de Carlos V, de Tiziano; El lavatorio, de Tintoretto; Las meninas, de Velázquez; Las tres Gracias, de Rubens; Pinturas negras, de Francisco de Goya. Fuimos encontrando mucha semejanza en nuestros gustos. Aquel encuentro con Raquel en el museo fue el inicio de nuestra historia. Mientras pasaban las semanas, nos volvimos inseparables, como si el tiempo esperara nuestro encuentro. Siempre nos encontrábamos en La Tapería del Prado, un bar ubicado entre el Paseo del Prado y Huertas. Caminábamos por toda la ciudad, hablando de literatura y arte; ella me contaba de la generación del 27, y yo del boom latinoamericano. No me hablaba mucho de su familia, solo mencionó que su padre trabajaba en el Archivo General de Indias, en Sevilla. Había nacido en “Comillas”, un barrio peligroso al suroeste de Madrid, en el distrito de Carabanchel; y yo, en “Los Olivos”, ese barrio popular en el norte de Lima.

51 Nuevas voces literarias Ambos construimos un mundo en el que solo nosotros poníamos las reglas de convivencia. Nos gustaba bailar en mi departamento, escuchando a Manolo García; leíamos juntos Las últimas tardes con Teresa, analizando algunas frases del libro de Marsé. Aprovechando las fiestas del Día de la Hispanidad, decidimos viajar a Barcelona en busca de los lugares de nuestros personajes preferidos: El Pijoaparte y Teresa. Una vez ahí, visitamos El Carmelo, San Gervasio, el Guinardó, Las Ramblas, el Barrio Chino y Pueblo Seco, donde improvisábamos diálogos interpretando a nuestros más queridos personajes. Muy pronto comenzamos a vivir juntos en el departamento que yo ocupaba en Noviciado; ella se mudó con sus pequeñas cosas. Más de una vez hablamos de su deseo de conocer el Perú y, especialmente, el lugar donde yo trabajaba: la Biblioteca Nacional. Le entusiasmaba llegar a conocer los incunables de la biblioteca peruana, pues siempre decía que su padre era gran admirador de los libros publicados en el Nuevo Mundo. Así estuvimos un tiempo hasta que, como a toda pareja, la convivencia nos enfrentó con la costumbre. Fue en ese periodo en el que pude notar algunas cosas y hábitos de Raquel que me intrigaban. A veces la encontraba sentada mirando mi colección de libros, como si el tiempo se hubiera detenido con ella; y cuando le preguntaba qué le pasaba, tan solo me mostraba una pequeña sonrisa y cambiaba de tema. Otras veces recibía llamadas por la madrugada y salía a contestarlas a hurtadillas, desde la otra habitación; cuando le preguntaba por el interlocutor, siempre respondía que era su padre. Jamás creí esto y, en diversas ocasiones, le pedí que me dijera la verdad, que si había otra persona era mejor ser sinceros y separarnos, pero ella, con lágrimas en los ojos, insistía en su versión. Yo presentía que algo me ocultaba, pero, al tratar de descubrirlo o preguntarle, ella siempre repetía que me amaba y que no existía nadie más. Recuerdo que, en un par de ocasiones, cansado de sentir que me estaba mintiendo, le dije que se fuera a su departamento, pero ella nunca se terminó de ir. A mi regreso, la encontraba aún ahí, llorando, insistiendo en que jamás me engañaría.

52 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú En otras ocasiones me llenaba de preguntas respecto de nuestra relación. “¿De verdad me amas, Roberto? Si nos casáramos, ¿te atreverías a comenzar de cero en otro lugar que no sea España, Europa, ni Lima? ¿Quieres tener hijos conmigo, Roberto?”. En lugar de alegrarme, todas aquellas preguntas me preocupaban. Me inquietaba y me dolía notar un cambio tan drástico en su personalidad. Pero poco podía hacer. La mañana del 11 de marzo de 2004, Raquel salió muy temprano del departamento con dirección al trabajo. Los directivos de la CaixaForum, empresa en la que trabajaba, habían concertado una reunión con el personal por el inicio de la temporada de primavera-verano. Por eso, al despertar, en lugar de encontrarla, hallé una nota encima del velador: “Amor, llego temprano para cenar. ¡Te amo!” Salí de la cama y, como de costumbre, encendí la Radio Nacional, una de las emisoras más escuchadas por españoles y migrantes. De tendencia conservadora, por esos días, la radio enaltecía los últimos días del gobierno de José María Aznar. Eran las 7:37 de la mañana cuando Radio Nacional de España interrumpió su programación: “Atención, noticia de última hora. Se ha producido una fuerte explosión en un tren de Cercanías, muy cerca de la estación de Atocha, en Madrid. Repetimos: explosión en un tren de Cercanías en la zona de Atocha. Las primeras informaciones hablan de varios heridos y de importantes daños materiales. Por el momento, no hay confirmación oficial, pero fuentes policiales apuntan a la posible participación de ETA”. Inmediatamente encendí el televisor y pude ver que, en tres minutos, Madrid se paralizó por completo: 191 personas morían en los hospitales y 2084 personas resultaron heridas. Inmediatamente pensé en que la CaixaForum estaba muy cerca de la estación de Atocha y traté de comunicarme con Raquel, pero no me atendía.

53 Nuevas voces literarias Las palpitaciones de mi corazón eran indescriptibles; cada paso que daba en la habitación se volvía interminable. Estaba nervioso y no podía relajarme. Fue entonces cuando decidí ir hasta la CaixaForum para ubicar a Raquel o, al menos, saber si estaba bien. Al llegar al lugar, nadie sabía nada de ella; de hecho, me dijeron que no había llegado a trabajar. Todo el mundo estaba en shock o llorando. En medio de la conmoción, escuché que alguien comentó que una compañera de trabajo venía en el tren de cercanías. Inmediatamente salí corriendo del lugar y me dirigí a la estación de Atocha. Tenía la intuición de que estaba viva, que a lo sumo tendría una herida. Tenía que encontrarla. Mientras corría hacia el lugar, otra explosión exasperó aún más los ánimos de las personas. Yo corría entre gritos, escombros y heridos. Madrid era un caos. Las horas pasaban y no había noticias de Raquel. Por recomendación de un policía, me dirigí al Hospital Gregorio Marañón, el más cercano a la explosión, donde tampoco la ubiqué. Desesperado, recorrí todos los centros sanitarios de Madrid sin ninguna respuesta. Comencé a pensar lo peor; por eso recorrí las morgues de Madrid y, otra vez, mi búsqueda no tuvo resultado. *** Los días pasaron y no tenía noticias. Nuevamente sentí que la tierra se la había tragado. El proceso de duelo y de incertidumbre comenzó paulatinamente en mi vida. Empecé a recordar los buenos momentos que tuve con Raquel y lo importante que fue amarnos tanto en tan poco tiempo. El duelo dio paso a la aceptación y decidí concentrar mi atención en los estudios, porque mis calificaciones habían bajado y mi beca corría peligro. Ya habían pasado cuatro meses del atentado cuando, una

54 Poetas y narradores de la Biblioteca Nacional del Perú tarde, al regresar de la universidad, encontré debajo de la puerta de mi departamento un papel que decía: Hola, Roberto, ¿podemos conversar? PD: si accedes a conversar conmigo, te espero el sábado a las 6:00 p. m. en La Tapería del Prado. Estaba firmada por “R”. Al leer la nota, la puse encima de la mesa del recibidor, intentando convencerme de su irrelevancia. Me dirigí a la sala para intentar despejarme, había además tenido un día complicado en la universidad. Sin embargo, después de algunos minutos, fue insostenible negar la presencia de aquel papel. Nadie sabía que La Tapería del Prado había sido el punto de encuentro de nuestro enamoramiento. Este dato me convenció de que la nota era de Raquel. Por mi cabeza rondaban muchas preguntas: ¿si estaba viva, por qué no aparecía en la puerta de mi casa? ¿Acaso se había accidentado y tendría secuelas? ¿Habría cometido algún delito? ¿Acaso alguien la perseguía? Estas y otras preguntas se agolpaban en mi mente sin hallar respuesta. La noche anterior al día del encuentro no pude conciliar el sueño y cada minuto del día, antes de la hora pactada, parecía una eternidad. Decidí salir con anticipación del departamento. Caminé por el Paseo del Prado para detenerme en el frontis de la pinacoteca, en esa misma banca donde verdaderamente comenzó nuestra historia; si estaba viva, solo quería abrazarla y besar cada milímetro de su hermoso rostro. Estando ya cerca de la hora, decidí caminar hacia La Tapería del Prado. Al cruzar la puerta de ingreso, me percaté de que todo estaba igual, como si nada hubiera pasado en Madrid: parejas riendo, turistas organizando tours y chavales esperando cortejar a cualquier turista americana que llegara al local. Me acerqué a la barra, pedí una caña y prendí un cigarrillo para la espera. Eran las 6:30 p. m. y nadie llegaba, por lo que empecé a creer que había sido víctima de alguna mala broma. Decepcionado, salí del lugar y comencé a caminar en dirección a la estación Banco de España. Mientras caminaba, escuché una voz que susurraba mi nombre con mucha cautela:

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