55 Con una voz llena de nostalgia, Oroma se dispuso a contar: El señor añuje, que también es conocido por los hombres como agouti, acaba de formar familia. Él y su esposa, la señora añuje, han establecido su hogar debajo de las raíces de un gigantesco árbol de shihuahuaco. ―Cuando nazca nuestro primer bebé, nos mudaremos a una casita con otra habitación, un poco más grandecita que esta ―le dice a la señora añuje. Ella asiente y expresa su conformidad moviendo la cabeza. Muy cerca del gran árbol de shihuahuaco hay un arroyo, del que la familia se provee de agua. Y a no mucha distancia del arroyo, una distancia que el señor añuje tarda veinte minutos en recorrer a buen paso, está localizado un extenso castañal donde la familia se abastece de alimentos. Bien temprano, a más tardar a las siete de la mañana, antes de que los hombres pasen con sus costales a recolectar los cocos o las cápsulas de castaña, el señor añuje se dirige al castañal. A esa hora, como es habitual, ya todos los habitantes del bosque están despiertos, buscando sus alimentos. El cotomono, cuyos aullidos se escuchan a kilómetros de distancia gracias al amplificador natural que lleva en la garganta, está a esa hora saltando de rama en rama buscando frutos. La señora perdiz, Añuje, del bosque el sembrador
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