Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12
e R o EN LA CATEDRAL DE LIMA "La patria es principio, origen y fuente de vida cultural y espiritual porque sólo los seres espirituales tienen patria. De la patria brota inmensa la vida. La vida es actividad del ser, sus energías presentes condicionadas por su arraigo en el pasado. Biológicamente somos hijos de nuestro sue– lo, condicionados por nuestra geografía y por nuestro medio. Racialmente la heren– cia de nuestros antepasados gravita en nos– otros, y en esas disposiciones naturales y en esos casos como moldes biológicos se funde la vida del espíritu que se adapta a ellos, que se manifiesta a través de ellos. La vida se afianza en el pasado: en el or– óen biológico el ser que vive crea meca– nismos de conservación de las energías adquiridas. Esas estructuras son del pa– sado, pero forman el presente". "Quien no crea y espere que el Perú de mañana animará a hombres del tem– ple y calibre moral de nuestros héroes y de nuestros santos, mujeres de la honda raigambre moral de nuestras vírgenes o de nuestras madres; más aún, quien no es– pere que las fallas de nuestra vida ciuda– dana serán remediadas, que la justicia so– cia 1, la educación y la elevación intelectual de nuestro pueblo y la noble dedicación de todos a la Patria será nuestra realidad futura, ese tal no merece llamarse perua– no. Pero la patria no es solamente fuente de vida, sino también fuente de autoridad y de poder. O más exactamente: porque la patria es fuente de vida es fuente de autoridad o de poder político. . . Y si es conveniente recordar estos principios y es– tas doctrinas, es mucho más eficaz, mu– cho más persuasivo, verlos realizados y co– mo encarnados en las instituciones y en los hombres que en sus vidas ejemplares fue– ron modelos de amor y dedicación patrió– tica. Tal fué el General José de San Mar– tín". "Señores, sería fácil extenderse para ha– cer el recuento de la serie de incidentes memorables que prueban la noble visión de la patria que impulsaba al general San Martín en sus heroicas empresas. Pero creo mucho más trascendental analizar, aunque sea con brevedad, las características mis– ll?ªs de esa devoción y ese impulso patrió– t!co; ellas proclaman otra vez cómo el amor patriótico es amor religioso y que quien no ama a Dios no puede comprender ese absoluto desinterés heroico que exige el verdadero amor patrio. La primera de esas características es el respeto casi re– ligioso a su soberanía. Hay unas palabras memorables de San Martín que conviene recordar aquí. Rechazando el poder que el Congreso le ofrecía, San Martín escribió: N I e A ::P~ro, res~e~to a no traicionar mis pro- pios sentimientos y los grandes intereses "de la Nación, si la ejerciera frustraría sus "justos designios alarmando el celo de los "que anhelan por una positiva libertad· di– "vidiría la opinión de los pueblos y dismi– "nuiría la confianza que sólo inspira Vues– "tra Soberanía en la absoluta independen– "cia de sus decisiones". Estas palabras di– chas por el hombre que proclamó la liber– tad del Perú y afianzó la independencia americana,-~º s~n un vano subterfugio, son una expresion sincera que confirma la ac– titud del hombre que al hacerse dueño del Perú por la fuerza de las armas, conoció que _ l~ / opinión vale m_ás que la fuerza y percibio con toda claridad que siendo él transeúnte y pasajero, los intereses a los cuales debía servir eran estables y eter– nos. . . . . Si San Martín hubiera aceptado continuar en el Protectorado del Perú el Pe~/ h~bría_ sido el "protegido'', no el ~aís quizas inquieto, convulso pero libre y que s?bre todas otras ventajas ama y desea el r ..:esgo de sus propias decisiones". "Pero no sólo el suelo es la patria . La patria somos los que vivimos en ella y son los que vivieron y están presentes' en nosotros por las instituciones que nos le– garon. El respeto de San Martín por la vida _humana es admirable en un general del siglo XIX y en un general que vivió y se educó en los campos de batalla. La orientación de su acción libertadora hacia un acercamiento de los hombres más que hacia el odio, la violencia o la guerra cruen– ta, fué un blanco constante de su empre– s?· Por eso concibió la independencia ame– ricana como una evolución fruto de la ty~nsform3;.ción lenta que la madurez po– ltttca hab1a dado a los pueblos america– nos. Escribiendo al Arzobispo de Lima. ~ons. Bmé, de las Heras, le dice San Mar– tín: "Usted conoce que ésta no es obra mía, ni de los hombres que en distintas partes han subrogado la autoridad del Rey· es obra del tiempo y de los sucesos qu; se han encadenado por más de trece si– glos; y no soy sino un instrumento del des– tino de mi país y para llenarlo de un mo– do digno quisiera poder evitar toda efusión de sangre, porque al fin, todos los que pe– rezcan en la lucha por una y otra parte pr_ofesan una misma fe y reconocen lo~ m1sn1;0s principios" ( De la alocución pro– n~nczada en la Basílica Metropolitana de Lima, el 28 de julio, por el R-..,o. P. Felipe M ac. Gregor. s. j.). SAN MARTIN Y EL BRASIL Con ocasión de un proyecto de monu– mento a Bolívar, oyéronse en el Congreso del Brasil, pronunciadas por el diputado
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