Mar del Sur : revista peruana de cultura No 12

Año II REVISTA PERUANA DE CULTURA l DIRECTOR: AURELIO MIRÓ QUESADA S. Julio-Agosto de 1950 HOMENAJE A SAN MARTIN N 9 12 "MAR DEL SUR" -que con este número completa su segundo año de vida- cumple con este homenaje al Libertador Don José de San Martín la doble misión que le concierne como revista peruana de cultura: acentuar los relieves espirituales de una figura insigne y estar siempre presente cuando se trata de afirmar las esencias y percibir los rumbos fundamentales del Perú. San Martín --el centenario de cuyo fallecimiento se conmemora en es– tos días-- pertenece a la Humanidad por su obra excelsa de Libertador de tres naciones; .es una de las cumbres de la vida de América, cuyo destino con– tribuye no sólo a cambiar sino a engrandecer, emancipándola; constituye un legítimo orgullo para su patria nativa, Argentina; pero se halla, además, defi– nitivamente incorporado al pensamiento íntimo y a la evolución externa del Perú. Sólo estuvo dos años entre nosotros; pero en esos dos años abrió nuevos campos a la Historia, juró y proclamó la Independencia, fijó las bases de nues– tra organización política, afianzó la soberanía nacional, sentó el principio de la libre determinación de los pueblos, envió fuerzas peruanas para seguir am– pliando la Libertad del Nuevo Mundo, nos dió el ala triunfal de una bandera y quiso estimularnos con la fuerza de un Himno. Capitán de los Andes, nacido en la zona americana que mira hacia el lado del Atlántico, al llegar al Perú no se sintió nunca un forastero, ni tuvo brotes mezquinos o menudos, ni ali– mentó pasiones sordas. contra · los mismos soldados realistas a quienes, limpia– mente, le tocó combatir. Tenía un destino noble; y fué igualmente noble al con– cebirlo, al decidirlo y al ejecutarlo. No lo enturbió el egoísmo, ni lo cegó el poder, ni pretendió recortar nuestras fronteras, ni lo hizo vacilar el vendaval, a veces tan rudo e injusto, de la guerra. Seguro de su conciencia, ve-ncedor de sí mismo, pudo por eso decir, al resignar el mando en 1822, lo que muy pocos Capitanes del mundo: que se retiraba, por propia convicción, después de haber cumplido su promesa sagrada: dar al país su independencia y dejar a su volun– tad la elección del gobierno. San Martín tiene, así, para el Perú las proyecciones y la fuerza de un símbolo. No sólo llena un momento glorioso de la Historia; no sólo nos trae

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