Los Andes

'· 400. LOS ANDES-LIMA~ DICIEMB~E 20 DE 189~. '· ·' ibL&::Mi. -· . . ·- - p~rsona del honrado ciudadano don Manuel 'i Sí: respondan los manes \venerandos . Mejía. De esa .pléyade' innúmera, inm0rtal, -El señor Alcalde Muni~ipal, , don José Gue- De héroes sublim~s, que en g.loriosos bandos, rrero, of 'eció un espléndido almuerzo á sus · Hoy puebl<i-n el Olimpo celestial. numerosos amigos. En dicho almuerzo, r¡ue terminó á las 3 p. m. se brindó por el Gobierno, por. el señor General Cáceres y por el Gran Partido Cons- titucional. Reinó, on el acto, como es de presumir, la mas ani.mada y franca cordi.alidad. . . -"Reorganizado el Concejo P!'ovmcial, con- forme al decreto Supremo que nombró la Junta de Noti:..bles; y funcionando éste hoy, con regularidad y empeño, d8bía el se~or Inspector de Higiene dictar alguna medida para arréglar la playa, por el lado de los ba- ños, llamados de «Puerto.» -Tenemos entre nosotros, al notable fetó- grafo, sefior Atilio Gabrielli. -Lo~ ciudadanos de la camµina, en núme- ro de ' doscientos, .encabezados por el señor Adolfo Salinas, se dir ~jieron á la casa Sub- prefectural, con el objeto de solicitar la entre- ga de sus tierras. El señor Salinas tomó la palabra, en ~e sen tido y fué contestado en térmmos corteses por el señor Velarde, Sub-prefecto de la Pro- vincia, diciéndoles que hicieran su represen- tación en forma, que él se encargaría de pre- sentarla al Supremo Gobiemo. Los peticionarios se retiraron vivando al Gobi~rno, después de manifestar sus ag1·ad.e- cimientos al señor Vela--rde; y en casa del cm- dadano, señor Chincay, acordaron lo conve- níente á sus intereses. Ya vé usted, pues, seJ'\ON\. Dh 1 ectora, 9ue son muy pocas las noticias que le propor<?10- no; pero sí me ofresco á que, en lo sucesivo. la tendré al corriente de cuanto por acá ocu- rre. Besa su mano El correspónsal. BELLAS LETRAS. Y el aneho firmamento, cuyo inmenso Palio prestó dosel á vuestra sien, De vuestro hf'róico reluchar intenso, Fiel testimonio nos dará también. Y esas inmensas moles de granito, De altivas cumbres que ~t · perderse van En la bóveda azul del infinito, Que mudas contemplaban, con afán, El éxito fatal de la rontienda, Ah! dirún á los pueblos por _n~cer: «Para quo el hombre su m1s1ón comprenda, Aquí peleó el Apóstol del deber!» ........... . ¡Tremenda fue la bélica jornada! Corre la sangre en túrbido raudal; Y espumosa, humeante 6 coagulada, Innunda por doquier el arenal. Perdidas ya las últimas trincheras, Mas nó el ánsia feral de combatir, Como jáuria feróz de heridas fieras, Que el instinto sintiendo revivir De exterminio, de sangre y de vengacza,_ Acreciendo su indómito furor, ' Hácia su presa sin temor se lanza, Para saciar en ella su rencor; También asl el Ejército peruano, En quien el miedo no albei·gü jamás, Al enemigo, con furor insano, Le estrecha, con vigor, una vez más. Y en medio del fragor de la pelea, Buscando, ansioso, en la sangrienta lid Un salvador baluarte, inventa y crea Medios de resistencia el adalid; Improvisa y levanta barricadas Recuerdos y ofrenda. Con los sangrientos restos del que fué, , Y en esas de matanza horas menguadas, No hay quien e~toico ni indolente esté. (De un folleto inédito, titulado cr.Hqjas de Laurel,» dedicado .al Benemérito General Y hacinanse cadáveres formando Cáceres.) Muro siniestro, lúgubre montón; LQue ni muerto ha de hallar reposo blando Cáceres inmortal l sé tú la egida .t:l bravo defensor de la Nación! Del pueblo que en tus manos encomienda Su postrera esperanza ..•.....•........... (EL AUTOR.) Viene, señor, mi lengua balbuciente Su pobre rima á tributaros hoy: Yo soy el bardo del cantar doliente, La ceiba tI'iste y solitari!l soy. Mas cuando viene á la memoria mía El cuadro fiel de la obra colosal, Que comenzásteis, valeroso, un día De expulsar fiero al o.presor füu tal; Dando pa_so á dulcísimas fruJciones: Calla de mi ai·pa el éco gemidor; Y en el clarín ensayo nuevos sones Que pregonan vuestro ínclito valor. Y una dulce y estraña melodía,. Presta el dios de la guerra á mi cantar, Cual la salvaje ríspida a1·monía, Que alzan las olas del revuelto mar. Piies el pecho que á poco el. blanco fuel'a Del enemigo, aleve proyectil, De los que esgrimen aún el arma fiera . Y de la Patria el lábaro gentil, En parapeto, y firme salvagl:!ardia, Y en fuerte apoyo á convertirse fué.: ¡Misión gloriosa <le la leal vanguardia, Que nunca bien su fama ensalzaré. Contempláros paréceme ¡oh despojos! Lívidos restos, que al caer el sol, Cuando á la tierra envía de sus rojos Destellos el fantástico al'l'ebol; Vuestro conjunto aterrador é informe, Alumbrado por esa débil luz, Formando un cuadro lúgubre, deforme, Del crepúsculo al pálido trasluz; Alzado en medio al vasto campamento Sería para el bárbaro agresor, • Y aud{lz mi pensamiento, osado, intenta, Sus áu1'eas alas dirigir tambien, Agudo y pertináz remordimiento, Gr·i to de queja, horrísono ch.mor .......... . Al encumbrado sólio que os sustenta, Núcleo de dichJ. y de 'ecundo bién. No de otra suerte, el héroe legendario, El apóstol qu~ ungió la Libertad.. . Cuando miem1go astuto y sanguinario A sus hijos hería sin piedad; Jigante, audáz, sublime y prepotente, Cabalgado en su alígero corcel, Veloz, como el relámpago fulgente, Que rasga de las nubes el dosel; Blandiendo, diestro, el cr.ntellante acero, Trabó una lucha heróica, sin igual, Con el feT'oz depredador artero. ¡Lucha grandiosa, homérica, feral l Muchas lec.ciones de valor le disteis; Vuestra bravura impúsole pavor; Poniendo en fuga al vencedor, hi·císteis, Mas de m1a vez, dudar de su valor. ~~o son testigos los floridos campos, Y tlel desierto el áspero arenal, Y de la tarde los postreros lampos, Y del Alba el reflejo matinal; De vuestra heróíca, indómita puJ~UJza, ' Y de ese nobilísimo furor, Con que jadeante el pecho de esper-nza, Con que mflamado en sacrosa:nto ardor; Mas en tanto pasad, tristes memorias De esa jornada aciaga, y no volvais; Pasad, recuerdos ne perdidas glorias, Mi plácida quietud no intermmpais. Vengan y halaguen hoy mi faptasia, Imágenes más gratas y también Dénseme lauros., porque en este día Quiero con ellos circundar la 5ien Del más ilustre y grande de los leales Campeones de la Pa.tria. y del Honor, Cuyas proezas altas é inmor-t.ales, Fe y testimonio dún de su valor. Al bravo paladín, que es nuestro escudo, Quiero con ,frescas flores coronar, Cuya firmeza incontrastable pudo Al bándalo del Sur amedrentar ........•..... Y bien ya siento Úfanas en mi mente Las plácidas memorias que ~voqué, Súbitas agolparse, que en m1 frente Para ellas un altar yo coloqué. ¡Tarapacál glorioso y dulce nombre, Campo feliz do fue1·a vencedor El valiente adalid, cuyo renombre Infunde espanto al pé1·fido invasor; Y á ti también, altivo Marcavalle, De ásperas grietas que la edad abrió, 1 h d Yo te saludo desde aqueste valle Do quiei· por vuestra patria habéis uc a o, Por donde el mísero enemigo huyó. Con indomable, albió111ca altivéz~ tY vuestra noble sangre no ha regado Los campos del honor, más de una vez~ Ahl respondan San Juan y Miraflores, Do, del cañón al sordo retumbar, Víóse en medio al edt1·ago y los horrores Vuestra espada, flamígera vibrar. Ah! res;onda el vivac de la batalla Y respondan los héroes, como vos, Que al siniestro fulgor de la metralla, Al mundo dieron su postrer adios. Al empuje feroz de los soldados Que luchan por la patria y el hogar, L'os b. 0 avos del Mapocho amedrentados, Su vil rubor corrieron á ocultar A Lima, presurosos, y su encono! Donde más tarde con horror se v16 A la infidencia levantar su trono, Que en negro cáos á la Patria hundió.! .•. CÉS.lR HERNÁNDEZ ·~!!!!!~!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!~!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!~~!!!!!19 13 tf ISTORIA DEL PERÚ DE R. MARKHAM TRADUCIDA DEL INGLÉS POR JUAN DE D. BENITES. (Es PROPIEDAD DEL TRADUCTOR Y NO SE PERMITE LA REPRODUCCIÓN) de Andahuaylas y Huamanga vinieron á formH parte del Imperio de los Incas. Después se les sometieron los S·oras. Rucan as y los Yauyos en la lade- ra occidental de la cordillera marítima, así como Huancas del valle de Jauja:1. - Los generales de Pachacutic sometieron también á las tribus más sotentrio- nales de Conchueos y Cajamarca y á las de los valles de la costa de;3de Ba- rranca hasta Nasca. La costa dd Perú estuvo habitada por una raza de hom- bres muy pequeños que se llammaban chancas. Pero en tiempos más remotos estos Chancas fueron desalojados de los valles fértiles y se establecieron en las costas áridas y desiertas ele Tarapacá. Los valles del Rímac (ahora Lima), Chil- ca, Mala, Chincha, Pisco, lea, Palpa y Nasca, estuvieron ocupados por hombres que hablaban el quechua, aliados de los Chancas y quienes descendieron de las cordilleras. Estos eran sumamente industriosos, como se puede ver en el valle de Nasca, oo donde el sistema úe irrigación fué hecho por medio de canales subterráneos. Su mitología era muy complicada y no conocían sino', muy vagos detalles acerca de ella, los que se nos han trasmitido; dos de sus templos eran renombrados por sus oráculos, á. uno de ellos le dieron el nom- bre de Rimac «el que hablal) y el otro estaba sobre u-n cerro artificial coloca- do á la desembocadura del río Lurin, lo llamaron Pachacamac, nombre de uno de los atributos de la suprema deidal de los pernanos. . Las tribus de estos valles de la costa, aceptaron gustosas las leyes de los Incas y se sometieron á ellas; la única que opuso alguna resistencia fué la de Huarcu (ahora Cañete), pueblo de raza distinta á los del Norte. Muy distin- ta fué la recepción que tuvieron los invasores de las tribus de más al Norte, pueblos de distinto origen y que poseían un alto grado de civilización. El Inca Pachacutic había engranclecido tan enormemente sus dominios que á su muerte fué el soberano de un vasto Imperio. Consolidó el imperio de las leyes y difundió por todas partes el sistema de mitin1aes ó de colonias. Su hijo Tupac Inca Yupanqui lo sucedió en el trono, quien aventajó á su padre en las conquistas. (3) 1 Las tribus que habitaban á lo largo de la costa del Perú, desde Tumbes en la desembocadura del río Guayaquil, hasta Huallmi (Guarmey) ó quizá An- cón, 10° 45' S., una distancia de cerca de doscientas leguas, hablaban distlntO idioma y procedían de distinto origen que los quechuas del interior del Perú.ó de la montaña. Estos valles principiando por el Norte eran los siguien-: tes: Tumbes Chira (Tangarara) Piura Mórrope (J ayanca) Leche (Lambayeque) Eten (Chiclayo) :::;aña J equetepeque (Pacasmayo) Clueama . Moche (TruJillo) Chimu Virú (Huanapu) Chao · Santa (Chimb9te) Huambacho (Nepeiía) Casma Huallimi (Guarmey) Pativilca (Barranca) Huamán, Parmunca de G. dela Vega. Supe ~ Huaura Chancay (Ancón). • Separados unos de otros por_ desiertos áridos. Los habitantes de estos valles estendían sus asientos por medio del cultivo, desarrollando á la vez u:ia notable civilización. Hablaban el Mochica, idioma que hoy ha desap'are- c1do y cuando aun estaba en uso en siete ele estas tribus, escribió una Gra- ' mática de ella, uno de los sacerdotes españoles. Este idioma difiere much_o del quechua, tanto en su bocavulario como en su construcción, lo que prueba que los pueblos que lo hablaban procedían de distinto origen, no podían pues, haber venido de la montaña donde el idioma predominante era el qúechua. Evidente es que vinieron por mar. Todos estos valles .estaban aliados a la. tribu de los Chimus cuyo jefe residía en el lugar donde después fundaron lq.s españoles la ciudad de Trujillo. No se ha conservado tradición alguna de su origen. Cada una de las tribus tiene una tradición especial y cuentan de Ja tribu que haQitaba en Lamba_yeque lo siguiente:--Se decía que quinientos año.~ más ó menos antes, ele la conquista española, llegó á las playas una gran eS:..... cuadra compuesta de un sin número de balsas á las ó~denes de un ji:.'fe sábio y \,. valiente que se llamaba Nayrnlap, su esposa se llamaba Ceterni; Naymlap desembarcó con su gente en las costas de Lambayeque, estableció su domi- nio sobre aqutl valle y construyó un templo en Chota en el que se adoraba á un ídolo llamado Llampayec, Entre los que formaban su comitiva había un trompetero, un cantor, un oficial á cargo de las literas y tronos, otro que pre· paraba los uaños, un jefe de cocina, un proveedor, otro que se entendía con los untos y pinturas, y finalmente un artista en plumas de aves que se llama- ba Llapchilulli. Después de un reinado largo y próspero, le sucedió en el trono su hijq Cuim que tuvo doce hijos sus sucesores, cuyos nombres nos han sido trasmitidos. El último de estos fué Tampellec, en cuyo reinado sobrevi- no grandes :calamidades. Cayó una lluvia que duró treinta días con sus treinta no~hes, este gran diluvio fué seguido de pestes y hambruna. Atribu- yeron estas desgracias á Tempellec por los sacrilegios que había cometido, ele modo que seis de sus sacerdotes resblvieron arrojarfo al mar. De este modo terminó la dinastía de Naymlap. Al poco tiempo se sometieron á la tribu de los Chimus quienes les nombraron un jefe llamado Pongmassa. Su des· cendiente en la sexta generación reinaba en Lambayeque, cuando llegaron los españoles. Uno de los oficiales el.e la nrte de Naymlap se hizo jefe de Jayanca, cerca tie Lambayeque. Era éste, Llapchilulli el artis'a en plumas de ave. Uno de sus des cendientes Caxusoli fué el jefe de J ayanca durante la época de la conquista española. Aunque no tenemos noticias detalladas del origen de Jos Chimus, sin embargo, las ruinas de sus edificios y otros vestigios que sa han encontrado, conoboran los informes que nos han trasmitido los cronistas españoles acer- ca de su grandeza y supremacía sobre los otros Jefes de los valles del Norte. Las ruinas del gran palacio del Chimu se pueden ,·er en el valle del río Mo- che, cerca de la ciudad de Trujillo. Está rodeado de restos de antiguos edificios y grandes terraplenes sobre los que indudablemente construyeron sus templos. El palacio estaba situado cerca de la costa. Las paredes de la habitación prin- cipal, que median quince varas de largo, estaban cubiertas con una serie de arabescos muy intrincados y de mucho efecto, trabajados todos en alto re~ie­ ve. U na de las habitaciones contiguas tenía las paredes estucadas, de var10s colores . con pequeñas salidas que daban paso á gran número de cuar·tos pe.- qu~ños, con'lo de siete pies de largo y que induclablen:ente servían de d.orf!ll· torios. Del gran cuarto de los arabescos partia hacia el fondo del ed1fic10, un gran corredor que conducía á unos cÚartos retirados en los que se ha en.~ contrado gran cantidad de oro y plata. A corta distancia del palacio se halltt- el cementerio, del que se han extraído muchas antiguas reliquias. Envolvían , los cadáveres en telas de lana tejidas primorosamente en distintos colores.

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