Los Andes

'I 482 . LOS ANDES-LIMA , DICIEMBRE 13-DE 1893. MAÑANA. En hor.da tumba, y~ muerta, sobre la. pla;Ya desierta, Vos, Capitán Jimen~z (á dofia Paula) ocupa- réis esta hab.itación. Los soldados que se aco- moden en eh.cori-edor y en _la parte baja de la ca<:a. Tenemos que levantarnos y huir antes de que liegue el alba. Aeusamos recibo de «El Guadalupano», cuyo n.ú.mero 19 ha visitado nuestra mesa de redacc10n. . rirnentado, en los últimos días, bravesas de mar que han ocasionado perjuicios. Han tomado el velo de novicias en el Con- vento de Santa Clara, las señoritas Elvira Grillo y Elvira Velarde. no habrá rú un recuerdo mío; que está cerrada la puerta, Instructor de la Gtrn.1·dia Naeional de este cercado, r-; e ha nombrado á don E11l'ic¡ne Lla- &Cual se1·á la causa de esta determinaciónf El !iieñor Mansfield, Ministro Inglés ha si- do víctima ele un accidente ·dé;graciado, en la tarde <le ayer. y yo temblando de frío. .Hizose, todo cqmo lo orde.nó Pumacahua y P?Cº después reinaba el mas profundo silen- ,c10 en la casay t.o<lo el mundo dormía el sue- ñ.o fatigoso del derrotado, que espera con an- siedad el alba p:>ra seguir su camino. que, Sargento M<i.yor de Ejército. . lila aparecido en Moc¡ue g ua, ((El L1lJeral», co,lega que estaba en i·eceso . Que es maldición de la suerte aquel soplo de la mue1·te Le deseamos ¡wosperida<l y acierto El Ejecutivo ha pu es to el cúmplase á fa. l~y que vota, por una sola vez, en e l Pr-esupucsto de Ancachs, la cantidad de cinco mil sol es destinados á la construcción un camino de her1•adÍJra que parti e ndo de Conchucos y :e· corriendo la márgen izqttier<la de los rios Muyupampa y Chuqu iara, vaya á ter .minar en el pueblo d ') Malvilatay sobre e l r-JO Santa. En la av:enida. Grau, saliendo de ún paseo que hizo con va1' ios caballeros ingleses y ;e- ruanos, diviso ~"'ta comitiva á un toro y una. vaca que corr ían en sentido opuesto á la mar- cha de los caballeros. El señor Mansfiel<l. po.ra precaverse de un accidente, subÍ'ó sol:;>re un cerco y no guardando el equilibrio p1·cciso, cayó al otro lado ocasion[rntlo~e una fractura del hueso occipital. Se medici11a en el Hos- pi.tal ItaJiano, lugar próximo al sitio del des- graciado suc~so, y tanto los miembros del Cuerpo Consular como distinguidas persona!i que nuestros -párpados sella: verte, amor, para no verte; ¡esa es la luz de mi estrella! NEGRA DE LOS ANDES. Lima, Diciembre 12 de 1893. Blanca, indecisa raya de luz clareaba á pe- nas el horiz9nte, cuando doña Paula se des- pertó. Vístiose apresuradamente y Juego pe- net~'ó confiada en la alcoba, cuyas venta.nas abrió de par en par, anteR de llamar á su ama- do y al Capitán que en la misma babitación dormía. Traición por amor ,. Pero cuando se acercó al improbisado lecho sintió de p1 onto que las piernas le flaquearon; pasóse la mano por la frente, se resti'eg0 los ojos, y tuvo al fin que rendirse á: la eviden- cia: eI capitún He!·nandez era una mujer. Se han adscrito lós empleados ele la Hono- rable Cámara de Senado1 es, ít las divc1·sas dependencias del Estado, dmante el receso de aquella. Han principiado el 10 los ex~menes en el Celegio de Guadalupe . Asi s tie1·on S. E. el General Morales Be1'mudez, el seiíor Ministro del Ramo, y numerosos caballe1·os de nuestra buena sociedad. 1 de Ja capital lo a tienden con solicitud. Desea- mos· que este !ncíd.ente no ses. de graves ~e­ sultados para · el digno caballero y cumplido di plomá ti..:.o. (TRADICIÓN) Nombre cristiano ·de una india <le•cendien- te por línea recta de varon de los incas, due- ños y señores en lejanos tiempos del vasto Imperio dél Sol, era el de doña PaulaJimenez. Cerró de nuevo cnidadosamente las venta- nas; salió de la alcoba, creyendo que se aho- gaba, y voló al pueblo, después de desarmar á los soldados que dormían. Una vez en la plaza, reunió a los más exal- tados partidal'ios del Rey, y los convenció de que no debían, por modo alguno, dejar esca- par al insurgente Pumacahua. En algunos puertos del Norte se han expe- Don Nicolás de Piérola se encuentra en ; : quique <le regrnso de Tocopilla. Vivia retirada pero muy considerada, en el . Cuzco, el año de 1814. Las únicas personas que la visitaban eran un sacerdote: el doctor Béjar, y un militar: el Brigadier don Mateo Pumacahua, cacique al que las antoridades españolas habían sabido conquistar, colml'.l.ndole tle honores . Y merce- des. Pumacahua amaba á doña Paula, y Béjar: que conocía la 'inclinación de su amigo. trata- ba ~e q!le ella le correspondiera, polque los cre1a d·1gnos el uno del otro. Por aquel tiempo los patriotas conspiraban secretamente, para secundar los movimientos revolucionarios de Quito, Bogotá y Bueno:> Aires. Pumacahua era el centro de la conspiración_. y lo secundaban don José y don Vicente An- gulo, los curas Muñecas y Béjar ya nom- brado, y otros. vecinos notables dé la impe1ial ciudad. Por fin el 3 de Agosto del memorado año, la revolución estalló y los conspiradores se apoderaron del Cuzco, aprisionando al señor · don Martín Concha, que era intendente real y á las otras per·sonas contituídas en auto - ridad .. La Junta gubernativa que se nombró poo:;.. pularmente en seguida, mandó formar tres cuerpos de eJército. Puso el primero l\ órde- nes del cura Bejar, quien ~iñó gustoso la ti- zona y abandonó la sacristía por los campos de batalla. El novel general debía operar so- bre Huamanga. La seg!lnda fuerza expedicionaria, manda- da por Pmelo y por Muiiecas, (otro sacerdo- te como hemos visto) se dirigió á Puno. El tercer cuerpo del P-jército, cuyo jefe fué 1:~macahua en persoua, secundado p9i' don '1cente Angulo, partióse sobre Arequ1pa. . Arequi{la, la sultana del Misti, defendida por el Brigadier Picoaga, cayó en poder de a~m Mateo, ~espués de algunas horas de re- ñido combatir, en las que corr·ió sangre á torrentes. Por desgracia los soldados revolucionarios mancharon su victoria con excesos de toda clase, entregándose 111 saqueo; y los mismos jefes cometieron la gravisima fa1ta de mandar fus!lar á algunos de los ofiriales de alta gra- duación entre los vencidos, en cuent~ Picoa- ga y Moscu::iu. . Entretanto Huamanga había sido tomada sin resistencia; y La Paz, después de un com- bate tan tenáz y sangriento como el de Are- quipa. Pezuela que expedicionaba sobre la provin- cia Argen~ina de Salta, supo lo que ocurrí~; y retrocedió sobi·e el Cuzco, después de fus1- iar al Coronel don Sarnrnino de Castro, que intentó insurreccionar su batallón. Las multitudes son impresionables. Al oir á la apasionada cri'atura que así-ªalJía tentar- los, los habitantes de Sicuani se p1·ecipi taron á la casa donde aun dormía Pumacahua y lo hicieron prisionero, sin darle tiempo para que se defendiera, arrancándolo de los brazos de doña Pilar. Doña Paula ha.bía desaparecido! Pocos dias después hizo Ramirez ahorcar al d~sgraciado don Mateo. El día de la ejecución, cuando aun pendía el cuerpo de la soga fatal, dos mujeres ves- tidas de negro se encontraron en el Cemen- terio del Cuzco. El odio de que estaban repletos sus cora- zon es, se desbordó entonces, pues no eran otras que doña Paula y doña Pilar. Sin embargo, callaron y esperaron. Cuando el cuerpo de Pumacahua fué con- ducido al campo santo, ambas se arrodillaron sobre la fosa que acababan de rellenar de tie-" rra los sepultureros, y parecieron rezar fer- vorosamente. De pronto doña Paula exclam.ó: -No le amabais como yo, puesto que no morís junto con él. Y apuró el contenido de un frasquito que sacó del seno y que estaba ll eno del famoso euT"aT'e de lo.; ind.os. Poco después espiraba en medio de los más atroces dolores, no sin oirá su rival que de- cía: -Os engañáis. Solo que yo prefiero el hie- rro; es más rápido. Y en efecto, doña Pilar se atravesó lagar- ganta con una daga y rodó sobre la fosa, jun- to á la desventurada doña Paula. Al día siguiente mandó la aut~ridad reco- ger los do~ cuerpos Y. que .se rnstruyer3: el correspondiente sumario, que no arroJó mn- guna luz, al cabo de algunos T?eses Ramirez, entretanto, pros1gu!endo en su obra de exterrninío, mandó matar poco des- pués al Cura Béjar, á los herman?s Angulas.- al Coronel Dianderas, á un sobrmo de Pu- macahua, al jóven y ya notable poeta Mel- gar, a San Román, padre del que fué mas tarde Mariscal y Presidente del Perú y mu- chos otros. Doña Paula y doña Pilar fueron enterra- das juntas en las aftH~ ras de la ciudad. Sobre su ,tl.1m ba se clavó una cruz que derribada al- gunos años mús tarde por el viento, no ha dejado ni huellas del lugar donde desc::1nsall eternamenta unidas , esas dos mujeres :1 quie- nes el amor y los celos dividieron en la fíe - rra. N. A. GoNZÁLEs. El Mariscal de Campo don Juan Ramirez, fué el jefe escogido por Pezuela pal'a mar- char sobrela antigua capital del Imperio Incá· sico; y :'l. fé que la elección fué acertada, pues Ramirez l ecobró la Paz y á seguido marchrJ aobreArequipa. Pumacahua engrei<lo por sus triunfos, y seducido por los negros ojos de una g e ntil arequipeña,-en lo que ~gr-aviaba de ':1n mo- do cruel á doña Paula Jimenez, á qmen ya podía considerar como su esposa,-se retiró cuando supo que el ejércíto español avanzaba. SUELTOS. Por la premura del tiempo y por hallarse ya nuestr·o número anterior en prensa, no nos ocupamos especialmente de .la sensible p~rdi~a que. acababan de expo_rimentar el EJército Nac10nal y un hogar digno y hon- r-ado. La joven hija dai M;isti, de noml ·re doña Pilar Hernández, no qmso abandonarlo; y ves- tida de hombre, con un uniforme de Capitán, que le sentaba á las . mil maravillas, lo siguió en su prL ' ipitada marcha. Pero el caso fué que doña Paula habia te· nido el mismo pensamiento y llegó al campa- mento dos días después de que Pumacahua llegara á Arequipa. Ramirez, ..-ictorioso en todas partes, picó la retaguardia á los insurgentes y Jos alcanzó, al fin á orillas del rio Cupi, donde los 'de rrotó completamente, ocupando pocos días despu~s el Cuzco, y entregándose á excesos de fe~·oc1- dad sin ejemplo, con todos aquefü • á qmenes cupo Ja desgracia de caer prisioneros. Llegó Pumacahua en su huida al pueblo ?e de Sicuani, seguido únicamente de dos ofic1a- ies y unos pocos soldados. Los dos oficiales eran doña Paula y doña Pilar. Lo miserable casa que le sir-vió de aloja- miento, era reducidísima y constaba sólo de una gran habitación y una alcoba. . Comprendiendo d~n Mateo, que era impo- sible que las dos muJer~s P? llegara1?. al fin á l'ecónocerse, trató de d1v1d1rlas y d1JO al re- partir los alojamientos: -Vos, Capitán Hernandez (á. dof1~ Pilar) Liormiréis en la alcoba, donde cu1da.ré1s tam- ,_. ~n de hacerme ar·reglar un le.cho cualquiera. El señor Coronel don Manuel Raygada, Jefe pundonoroso y valiente, ha bajado á la tumba! A los que, en .su vida estrechamos, con Ja efusión de la amistad, la mano del. vete~ano, séanos permitido colocar e 2ta humildP. v10le- ta dP- cowlolencia, junto de las lágrimas de sus deudos! . Llamamos la atención de la autoridad de que en la casa número 3, (bajos) de la calle de la o:Toma» se suscitan frec1~entes escán~a!os que atacan la .moral y dan eJe!:!plo yerm.c10- so al vecindario, donde hay nmas virtuosas y respetables madres de familia. . Mugeres de ".ida airada que c~ebian asilar-. se en los s uburv1os de la población ó en de- terminados barrios son las que se han muda- Jo á esa casa. Creemos que el señor Con:isori.o del cuar- tel primero Coronel don Lms Is1~ro Ibarra, celoso, como siempre, de la salubridad moral de su jurisdi cción, las obligará á muda;'s~ en el día, á fin de que se vayan con la musica á otra parte. t•or la Prefectura del Departamento se ha promulgado un bando, dictando medidas opor- tunas para el pago de la contribución del ca- pital movible. . La Casa de Moneda h~ dado á la circula- ción en la última semana: ~7 ,000. soles fuer- tes ·y 2,000 en moneda Craccronaria. 11 PERÚ HISTORlA DEL DE CLEWENTE R. TRADUCIDA DEL INGLÉS POR JUAN DE D. BENITES. (ES PROPIEDAD DEL TRADUCTOR Y NO SE PERMITE LA R~PRODUCCIÓN) N01 1 AS DEL TRADUCTOR CITAS DEL PRIMER CAPITULO · c.ál~ ulos. Po~ regla general, el indio se limitaba cuanto era pqsible, y preferla mul- tiplicar los quipus antes que exponel'se á que les fallase la memoria. Tales son las nocíones v'.lgas .que t.enemos acerca de ésta materia; pero grave error sería aplicar una regla 1dént1ca á todos los quipus, m creer que es posible llegar á traducirlos fielmente, como ve1'á el lecto1· mús adelante . · . Sin embargo, algunos escritores han cr·eído encontrar en el quipu, cosas ex- traordinarias, principiando por la etimología de la p'alabra. . . Los qu~ d.ef! enden el origen mogólico de las razas americanas, .se han hecho el s1gmente ra~10crn10 , aceptando las observaciones de Court de Gibelin: po significa en lengtra oriental, boca y palabra, y coue ó cue elemento, luego quipu vale tanto com? «elemen_to ó partes del di~cur-so» y de aqui deducen que los chinos trajeron al Peru aq_uel obJeto. No es preciso mocho esfuerzo para pi·obar la. falsedad de tales conclusiones: ap~rt.e de que no es lo m1~mo quipii que coue-po! no se escapará al lector que los son1d0s. no ¡¡on el m0nopoho de un solo pueblo y que analogías como la que nos ocupa se pueden encontrar ingeniosamente en las lenguas mas distintas. Cierto es que los Chrnos han usado algo parecido al quipu; pero no sólo ellos sino otros habitantes de Asia, los indios del Canad_é, algunos de Méjico, del Orinoco y muchos pueblos bárbaros, ó semicivilizados, de ambos mundos, contaron también por . cuerdas y nudos; mas nunca llegaron á fundar un sistema C'lsi exclusivo -y esel\ cial como los antiguos pe ruanos.» (Id.,id., id. pág. 187) · "-¡ Núl\(. 17-PÁGlNA 16.-«Las leyes eran pocas y sumamente severas. Casi to- das se apli caban á asuntos crim,nales. Pocas leyes de otra clase necesitaba una na- ci ón que tenía poco comercio, ningún dinero, y casi nada que pudiera JJamarse pro- pi edad nja. Los crímen es de robo, adult erio y as esinato se castigaban con la .pena capital, aunque se di sponía Mbiam e nte , la admisión de circunstancias atenuantes· que podían mitigar el castigo.>> «:El robo se castigaba con menos seve1'idad si ~l qu~ lo había cometido lo necesitaba realmente para subsistir. Es circunst¡,¡ncía muy particular que la ley peruana no establecía di ferencia alguna entre la fornicación y el adulterio, pues que ambos se castiP;aban con la pena de mue1 ·te. Sin embargo, no parece que estaba en uso esta ley , puesto que se estahlecian, ó a lo menos se to- leraban prostitutas en los arrabales de las ciudades.» V éase Garcilasso Com. Real, parte primera , lib. IV, cap. XXXIV. «Tambi én se castigaban con la pena de muerte la blasfemia contra el Sol y las maldiciones al Inca, c1 ímen es que e n la r ealidad venían :'.! ser id énticos. Quitar los linde ros de las prop)edades , variar el curso del agua para r· egar la tiena propia á .es- pensas de la age11a, y qu emar una casa, eran delitos que tambi én se castigaban con mucha severidad. La insur1'ección con tra ~el h'ijo del Sol» era el ma,yor de todos los crímcn es.-«Ii:n reb eli ones y alzamientos se hí cie ron los castigos tan ásperos, que algunas veces asol a ron las p1·ovincias de todos los varones de edad, sin quedar nrn- guno» .-(Oncleg ardo, Rel. Pdm ., MS.) Para mayol'es da tos sobre este punto de legislación pe.mana, véase la Hi s toria antigua del Perú, poe S. Lorente. NúM. 18-PÁGINA 16.-«A los pu eblos ll evaban el :=.igua por medio de canales que eran verdaderas obrns gigant escas. Componíanse de inmensas lozas de piedra, perfectamente aju s tadas sin mezcla algunC\., que por m edio de compuertas dejaban sali1' la cantidad sufici e nte pal'a re gar las tierras. Algunos de estos acueductos eran sumamente largos tenían de c unt l' ocie ntas á quinientas millas de extensión.;i1 (Sar- miento, Relación MS . , cap. XXI. )-«Las colinas las dividían en terrados revestidos con piedras, los que iban di sminuyendo gradu a lrn Fmte hasta llegará la cumbre; asl que al paso que la faja. inferior, ó anden como Ja llamaron los españoles, i·odeaba la base de la mon ta1'la, podía con tenel' una gran caritidad de fanegas de tierra, la supe- rior no alcanzaba á contene r s ino unas cuan tas hileras de caña~ de maíz.--Estos an- dAnes fueron el origen del nombre do And es que di eron los españoles a las cordille- !'aS del América del Sur. (Memor·ias del Gene ral Miller, t. II, pág. 219.) Pero este nombre es anterior á la conquista según Gar cil as so, que lo deriva de Anti nombre de una provincia al Este del Cuzco. (Com. R eal, Parte I, lib. U, cap. XI), Anta que significa cobre, metal que se encontraba en mucha abunda ncia en ::i..lgunas partes del país, pudo haber dado su nombre á la prov incia, y quizú directamente ú las mon.:.. tañas.» NúM:. 19-PÁGINA 16.--«Con el mismo espí1·itu de economía agrícola que los impulsaba á sacar los peñascos de la sieua de su triste esterilidad, escavaban el l' .l.ri - do suelo de los vall es en busca de alguna ca pa de ti erra en que se encont!'ase alguna- humedad 11atural. Estas escavaciones qu e los espai'íoles ll amaron hoyas, eran muy grandes. é in cluiar.. mucha s veces un ác1·e de tierra, escavado hasta Ja profundidad de quince á veintf\ pies, y rodeado con una p:1red de adobes. E~ fondo de .esta ei3ca- vac1ón se preparaba perfec tamente abonándolo con una e::::pec1e de sardma, que se pescaba en cantidades inmensas en la co s ta, y luegu se sembraba en él, granos ó le- gumbres.> Véase á Steveuson, Residencia en la América del Sur, tomo I, pá~i­ na 359;; FIN DEL PRIMER CAPITULO. ' / .

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