Los Andes
• AÑO 11-NúMERO 151. ~IMA, SÁBADO 31 DE MAJUO DE 1894. OIRECTORA-CLORINDA MATTO DE TURNER 32 HISTORIA DEL PERU DE R. • TRADUCIDA DEL INGLÉS POR JUAN DE D·. BENITES. ES PROPIEDAD DEL TRADUCTOR Y NO hs l-.BRMITE LA REPRODUCCIÓN) bates desesperad0s y ele' poca duración en la que los combatientes lucharon cuerpo á cuerpo; el vi rey fué muerto en el combate y Ben alcazar y Gi~ón ca- yeron mo1·talmente heridos (5). Las opiniones de los oidores dela Real Auclien- ciaestaban divididas Alvarez estaba con el virey, en tanto que Cepeda peleaba en las filas de Gonzalo como simple soldado. En esta batalla de Anaquito murieron más de cien realistas y la revolución que<ló triunfante. El desgracia- do virey había sido severo hasta la cruel.dad, de carácter violento y de pocos alcances, pero fué leal á su causa cumplrdor de sus obligaciones .Y desplegó en todos sus actos un va)or y Ulla constancia heróicos. El Oidor Alvarcz mu- rió pocos días despues de la batalla, Benalcaz~r y Girón curaron de sus he- ridas y se les permitió regresar á Popayán. · Sabiendo Car·bajal que Diego Centeno había levantado armas en el Sur, salió en su per:::.ecución poco ántes de la batalla ele Anaquito. Reunió dos- cientos hombres en Lima, cruzó la cordillera por _Guar11anga, atravesó el Cuzco y comenzó la caza de Centeno en el Callao co-rl una energía y rapidez que parecían casi milagrosas, para aquellos que conocen bien esos caminos; sie.-mpre despreció á Centeno que ahora huía ante él, pero Carbajal lo perS'.J · guia con una tenacidad :;in igual; todo fugitivo que caía á·manos de este insensible viejo, era asesinado sin misericordia, á menudo precedían á la eje- cucióri las mayores crueldades, al fin Centeno huyó á Arequi pa en busca ele un refugio en la mar, pero no encontlanclo buque alguno tuvo que ocultarse en una rueva en la rurdillera marítima. En esta persecución Carbajal atrave- só los Ancles seis veces, pasaba las noches al campo abierto siendo insensible tanto al frio ele los Andes, como al calor más fuerte de lo,; desiertos ele la C?Sl~· Este hombre sobre natural acabó con todo vestig[o realista en las pr?- vrnc1as del Sur del Perú. :tviuchos creían que á pesai· de su gran corpulencia tenía un espíritu que lo llevaba por los aires y se le clió el sobre nombre de ccEl Demonio de los Andes.>) (6) Durante el gobier~o de Pizarra se descubrieron en Charcas riquísimas minas de plata, y algunas ricas vetas de oro al Sur de Quito. Para facilitar el trabajo de la~ mina::; de oro ~e fundó la ciudad de Loja, que fÚé el mejor J más duradero monumento de su corto pero bien entendido gobierno; revivió la agricultura, las min;is se traba.Jabé.n con actividad y daban muy prolíficos re-· sultados, torios los colonos vivían contentos y gozaban de concesiones ilimi- tadas. Durante este corto periodo ele paz su poJer po.recia estar solidamente establecido, pues su popularidad no conocía. límites; Carbajal que opinaba que las cosas debían hacerse por entero y Cepeda que habiendo obtenido por- don por sus faltas pasadas, sostenían ahora á Pizarra instándole á que se de- clarase independiente y se hiciese coron<tr corno re;y del Pe1·ú. Las notici~s que llegaron á España ele la tierra de los Incas, causaron gran consternación entre los consejeros ele la corona. Felipe II era .i lasa- zón Regente de España por su pacJrn Cárlos V. La rebelión debia reprimirse á todo trance, pero la calamidad r¡ue más se haría sentir era que ello ocasio- naría graneles clesembolzos á la Co_r~rna la que no recibía remesas de oro ni plata de las colonias. Se resolviJ encomendar la misión mas bien á un hom- qre sagaz y competente; que á un soldado, para esto se escogió á Pedro <le la Gasea, sacerdow que se había distinguitlo on Salamanca como inquisi- dor mayor y que desplegó tanta habilidarl en 111 vestigar los casos de he1·egía en Valencia. (a) Bien se podía confiará inquisidores el desempeiio de cornf- siones rpie exigían astucia é intriga, como también una crueldad refinacl0-. Era éste, feo y contra-hecho; se le confirió poderes extrnordinarios con el t- tulo de Presiden te de la Real Audiencia; ent1·e los r1ue lo arom pañaban iban como consejeros: Alonzo de Ahrarado, que se encontraba en Espaíia de regre- so del Perú; :::t éste se le clió el título ele ::\fariscal; Pascual ele A11dagoya, el primero que recibió en E:-;paña notir:ias vel'idicas del Imperio de los Incas, y á Pedro Herncl.ndez Paniagua; aclernlis lo acornpaiíó el licenciarl1) Cianea encar- ga.do ele ocupar la primern. vacancia que hubiese en la Audiencia, pues nada se sabía de la conclueta y modo ele proceder· 'de los jueces nombrados ante rionnente. Gasea salió de España el 26 de Mayo ele 1516. Llegó á Panamá como un humilde religioso encargado ele restablecer la paz y revocar 1-as ccNuevas Leyes)> .. Gasea escribió :i Gonzalo adjuntándole una carta <l.el Em- perador y en la que le óto!'gaba perdón por lo pasndo, pero requiriendo ele él completa sumisión al Presidente; otra carta le escribió á Cepeda exigiéndole_ completa sumisión á S. :M.. Gonzalo se encontraba en Lima y su único conse- jero previsor y competente se encontraba en el Sur; Cepeda era ele opinión de que no so reconociera la autoridad del nuevo Presidente; Gonzalo al mis- mo tiempo había saboreado ya los goces <lel poder 1 poco conocimiento tenía de los hombres y tenia implícita confianza en su popularidad y en las falsas . promesas que se le liacian, tampoco comprendió que las suaves fraces ele Gasea encerraban algo más que la mentida modestia que ellas reve- laban. Panin.gua, viejo astuto, lo era tanto como su Presidente, fué enviado á, Lima con la carta y tuvo largas entrevistas con Gonzalo y sus consejeros, á su regreso á Panamá se con venció Gasea de dos cosas, <pe el Perú podia re-,, cuperarse solo por la fuerza y de que pocos d.e los secuases de Gonzalo se mantendrían en abierta rebelión contra el Rey, por que en efecto muchos de ellos habían ya comenzado á abandonarlo. Gasea encontró apoyo en los otros tres Gobernadores y en la escuadra de Gonzalo que ya lo habia abandonado desde prLncipios del aíio 1547. Reu.1i "i en Panamá cerca ele mil hombres y unos veinte y dos buques. LorP,nzo ele Aldana fué uno de los desertores, éste salió .de avanzada con una flotilla compuesta ele cuatro embarcaciones y con trescientos hombres. Había de navegar á lo largo de la costa y dejar cartas en tocios las puertos apelando á la lealtad de los castellanos para que se unie- sen al presidente, esta medida produ,10 una reacción admirable entre los re- beldes. Se resolvió retirarse al Sur del Perú y el 17 de Julio de 1547 Gonza1o sa- lió de Lima en dirección á Arequipa. Las clesersious Aran numerosas y de 500 hombres que salieron de la Capital, solo contaba con 300 á su llegada á (a) Véase el Dic. Hist. Biog. M. de Mendib_uru, tomo IV, pag._27. Arequipa (a). Juan do Acosta uno de los capitanes quA le fué leal en el Cuz- co, llegt con un pequeiío resfuerzo. Su causa comenzaba á verse ya perdida y tuvo intención de retirarse á Chile ó al Rio Je la Plata. Centeno :u•.) l'ª"º una vez más sobre las armas en el Collao. . Gasea desembarcó en Tumbez en Mayo ele 1547 en donde lo esperaban muchos de los capitanes realistas; Ol'clenó que todos aquellos soldados que deseaban servir la cansa del Hey debían reunirse en el valle ele J auJa: aquí recibió comuni~aciones de Cent~no ~n las que le aseguraba que el con su fuerza era suficiente para reducir facilmente á los rebeldes, mas esta oferta no se llegó á cumplir; Gonzalo salió de Arequipa en busca de los' realistas y avistó sus campam~ntos en Huarina al S. E. del lago Titicaca el 26 de Octu- bre. Centeno contaba con más de mil hornbres, en tanto que los de Gonzalo solo llegaban á r1uinientos. Centeno se P.ncontraba á alguna distancia de su campamento y con10 estuviese enfermo se bacía conducir en una litera. Car- bajal confiaba en la die.iplina de su infantería y en la destreza de sus arcabu- ceros, cada uno ele los cua~es tení~ .dos <? tre.s armas de las abandona?os ri0r los desertnres, su caballerm era s1 rnferwr a la de Centeno, pero el rnfatlga ble vP.terano estaba en todos los puntos ele su campamento animando y pero- rando á su tropa siempre jocoso y burlón; Gonzalo á la cabeza de la cabal]~-· ria Yestia una rica túnica ele terciopelo carmesí. Ambos ejércitos formaron en la llanura á una distancia el u.no del otro de no más de seiscientos pasos . Los de C8nteno comenzaron el atar¡ue, pero con desconcidrto, en tanto que Carbaja1 les esperó a pie firme dando órden. de que n? hicieran fuego hasta no tenerlos á tiro certero y qu8 apuntasen bien en la lmea de la cintura; esta órden se cumplió con la precisión de una máquina, ele manera que las tropas de Centeno tuvieron que desorganizarse y emprenderla retirada. La caballe- ría fue más feliz en el principio (7), y volviendo contrn los infantes se encon- tró con urrn invulnerable muralla d~ pic?-s y lanzas ~ecib_íendo un fuego nutri- disimo que la hizo fugar en todas cl1~eccione~, la v1ctorrn fué completa para Pizarra; la mayor parto c~e los vencidos pudieron esc'.'1-par p.or no tener los re- beldes suficiente caballena para efectuar la persecución. Centeno cambió la !itera por un caballo y tambien f~gó: trescient< ?s.de los. suyos_ quedaron ten- <lidos en el carn t>º do batalla; casi todos los hendos murieron helados durante la noche. El «Demonio ele los Andes)) mató á sangre fria á treinta de los con- trarios y entre ellos á un hermano del Obispo del Cuzco (b). Confiado en quo el éxito de esta batalla influiría en su favor en el ánimo de los inQlecisos, mar- chó al Cuzco, casi todos los habita!·ites lo recibieron en triunfo. Entre los descontentos había una seiíora llamada Maria Calderón esposa de uno de los derrotados en Huarina quien llena de irn salió al encuentro de Pizano acu- sándolo de.traidor, esta seíior~ era comaü1~e de Carbajal; «Comadrita, le elijo su compadre, si usted no contie1:ie su malchta lengua la hago matar>), y asilo hizo, Yiendo el poco caso que hacía de sus amo.nestaciones y que continuaba llamándolos de improperios le elijo:- cccornadnta vengo a darle á usted gar- rote)>. Despues ele haber espuesto ~l cádaver en una _ventana esclamó: «Por vida de tal, Señora. Comadre, que s1 usted no e,sca-rmienta ele esta, yo no se que me hagai). ta infeliz había creído h~sta el último momento que aquellas amenazas eran una chanza de su sarcástico compadre. Gasea 1rn~rchaba al Cuzco con toda calma, recibiendo resfuerzos y adic- tos en todo ·el trayecto, un valioso .auxilio tuvo en PeJro de Valdivia el con- ·quistador de Chile y al llegar .al valle ele .Anclal.waylas se le unió el Inca Paulo trayé:1dole abundan tos prons1ones, aqu1 tamb1e1:i se encontró con Centeno y a1crunos otros de los deer-otados en Huarina. Los Obispos rle Lima y Cuzco co71 sus numerosos monjes" el Oidor Cianea, daban al campaniento 'un aire ele antoridacl; todo ol ejercito as 1 :endía a más de dos mil hombres. Continuaron su ma1·cha sin interrur~ción; ba:5tante dificultad tuvieron para atravesar el rio Apurimac y se aprox~m.aban ya á las pampas c~e .Sacsahu~na. Los consejeros g del Cuzco eran d<3 op1111ones encoutradas, el VWJO Carba.Jal veia que ras tro- pa~ de Gasea. eran ya cler~1asi?-do fuertes p~r~ ser vencidas y que por co!1si- gmente una derrota era rnen~able. su .op1món er.a de que se debían retirar co.n unos quinientos ele los meJOrt3s serndores .hác1a Charc~s; Cepeda opina- ba por un arreglo, en tanto f]Ue Gonzalo engreido por su trmnfo de Huarina, cstal>a resuelto á presentar nu~'rn batalla creyendo que su audacia supliría la ,falta ele número. ?e encaminó con t0das sus tropas hácia las pampas de Sacsahuana; los realistas estaban ya en órclf:n de batalla esperando el ataque; era el 8 ele Abril de 1518. Antes ele dar comienzo á la batalla, Garcilasso, se- guido de Cepeda (e) y muchos otros se pasaron :i las filas realistas, á esto si guió una c1eso1 'ganízn.ci <Jn completa, los piqueros y arcabuceros se rindieron á discreción, la cnballería tarnl.1ien se pasó á la del enemigo, Gonzalo viendo ya todo perdido pregnntó al fi0l A.costa '9Que hacemos hermano Juan~ <cSe- ñor>); contescó .Acosta c<Arrometamos en ellos y muramos como Romanos>). cc~lejor E'S morir como cristianos>) replicó Gonzalo y en compaiíia de! misrn(¡ Acosta y de algunos otros fué á rendirse al Sargento Jvlayor de los realistas. Ehlesapindaclo inr1uisiclor insultó al valiente g.uerrero (8), eroºfué tratad(\ con las consideraciones debitL2f; por Centeno á quien se le confio la custocli<1 ele tan importante preso. Mientras tanto Carbajal contemplaba la cleserciü;1 como +a cosa mas natural, y al ver como se iban jefes y soldados, principió ;1 entonar las dos siguie11tes líneas do una antigua canción: <<Estos mis caLellicos, Madre Uno ú uno se los lleva el aire.)) Cuando se encontró solo metió espuelas á str caballo para escapUL' :·1 carrera~ pero el animal q ne era viejo y oprimido por el mucho peso, dió co;; él en tietra al atravesa1· un arroyo; ª 'luí lo capturnron sus perseguiclo:'e.-.. tratándolo de la manera mas brutal, foé ~;al vado ele manos ele estos por Dieµ- .• Centeno, aún en este estado uso ele sus burlas cáusticas: ¿,«Quién es Vuesn Merced, que tanta merced me hace~ Centeno respon<lió:-«No me conoce Vucs;i Meeced, soy Diego Centeno)).- ccPor Dios>), replicó el veterano, aludiend~, á sus campaií~· s, como siernprn vi á Vuesa Mel'ced de espaldas, no le cono- cí viéndole de carai).- Escuchó con impasifJiliclad las reprencíones ele Gasea y sufrio una TJofetada del Obispo del Cuzco. En el inismo campamento se le:.; formó un concejo ele guer·ra compuesto de el Mariscal Al varado y el Oido;· Cianea que los condenaron al último suplicio. Gonzalo debía ser decapitado, Carbajal fué cond9naclo á ~er ahorcado y descuartizado. Pizarro pn.só algun tiempo con un confesor en la tie1Hla, y salió para ser ejecutado: vestia ricu (d) Uno de los qn~ escaparon fué el licenc.:iado Car·bajal, aquel caballero cuy , herrtlnno había sido muerto en Lima por BlascoN"uí'íez y que se vengó manchando su.:.; m1nos con la sangre del Virey. (e) Todos los his¡oriadofes convienen en ronsiderar esta batalla como la más sangrientci qz?e se ha dado entre espaiioles en el Perú, y elJ at.l'ibui r ú Carbajal- el mf- rito de la victo1·ia. Vease Gal'cilasso, Fernaudez, Pedro Piui.rro (este se halló en la acción), Z<'tt·ate, He1Tera, Goma1·a, Montesinos. (d) Gasea abrazó y besó en el carrillo á Cepeda, aunque lo llevada encenaga.do teniendo por vencido á Pizarro con su falta.-Gomara, Hist. de las Indias. . .
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