Letras : Páginas bi-mensuales
' LETR.,.1S P0r.), no vay,1. á et·c~r,D que e~tü nn:·,n 1 en nacht el valor intrín– sc0J l; 1:nb), e3erit\)l\~,; al contrnrio, lo;; eleva, y es,en ellos, el más alto timbre de honor que puedan ostentar parn el triunfo definitivo del difícil iirte que eultirnn. Pásales á ellos, ni mits ni mcnQs, lo (jUC les ha pasado á to– d•)S los innovadores de grnn talento, que han se!'la.lado nuevas vías á la~ muchedumbres iconoclastas. Los miser11bles rapsotlas, los tontos imitado– res y lo.,; des 6 rnci,idos s,wbis, que creen en to~las las p3rogrulladas de la b:)hemia, de las escuelas, de las sectns y de los cenáculos, han tratado ,üempre de construir altares para sus ídolos .v formarles un trono ficticio :i fin de refujiarse á su amparo, y poder dogmatizar y decir c.na.ntas san– deces de sus cerebros atrofiaJos. Así, hubo numerosos imitadores de Gntiérrez Nájera, que ridicu– liiaron miserablemente la delicadeza v Jrnnnonía de las cláusulas del pa~ta mexicano. Así, hub'.l rcchoncho3 y colorndotes pletóricos, que rap– so:iiaron el gusto enfermiw del p:ilido so,'üdor de las Antillas. Así, hubo nstupendos gallinaecús que se lan·~aron sobre la obra de Rubén Da.río pa– ra extraer <le ella una savia, que solo han sabido co1wcrtir en informe y repugnante escoria; y n,sí, hoy, tambien, rxisten torpes eunucos, con cua– tro <ledos de grasn, en las cálulas celebra.les, que tratan ele imitar los gri– tos estupendos de ese joven socialista, cn,vos periodos, llenos de sangre y ele vida ardiente, han llegado á espantar á las miscraules orugas del arte :1comodaticio. Pero, y esto es e\-idtmte, no h,tn ,,ido los <,stúpi<los y los medio nes los únicos que ha.n tnit,ido t!e imit,irlo-; s,1n-ilm3nte, sino que otros. llenos de verda.deras aptitudes artisticas, obsecaclos quizás, ó alucinados por el nmrnvilloso resplandor de In, obra de los cuatro poetas antes cita– clos, han ido también a beber allí la inspiración para sus obras y sólo han po<lido hacer desaparecer su personalida<l, para quedar como simples comparsn,s ele escenario. Rubén Da río ha dicho una gran vcrcla<l, después de ,vc1gner, en la.s P(ilabrris Liminares de sus PROSAS P1w1,'A:,i;AS. « Yo no tengo literatura ,rtA para marcar el rumbo 1lc los demás: mi literaturn es :\IÜ en mí;– quien sig,1 servilmente mis huella,; perder:\ ><u tesoro personal y, paje ó <)Sclc1vo, no pndrá ocultar sello ó librea. \Yagner ó .-\.ugusta Holmés, su <lis.cipula, dijo un día: LO PBDrEHO XO DH'L'AR -~ ::,;_-\Drn, y SOBRE TODO, .i. J.IÍ. Gran decir. » , Y esto mismo poclían .hn,bcr dicho C+utiérrcz Xájera, Julián del <'asa! y Leopoldo Lugones. Todos ellos poseen unn, literatura propia, e,, decir, que se la han formado á sí mismos, ya tomando lo m:i." ex11tüsito de las literaturas. cx– trangeras, ya asimilán<losc todo lo bueno yue han hallaclo á su paso, ó todo lo que han creído digno ele :5Cr apro\·echadn para su uso particular, {1 fin de formar u11;1 cosa, que, f'in embargo ele :-;cr heterogéncn, no por <>SO deja de ser altamente hermosa _v original. Y, dada esta manera ele cbboración artística, claro está que imitarlos es dirigirse al fraca~o mái:, absoluto, rnaximc sí i'C <11':-conocen - 53 -
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