Letras : Páginas bi-mensuales

Y CÉFIRO RESPONDIÓ.... ~~~~ . i,::; ~ N tanto qno ln abuela hila en so rueca _v tu hermanita arra1ra al l9~; ·•) cla,·c la Sonata patéticri ele Beetho,·en; en tanto que el buen Yiejo r ')~V$' inválido apura, en un rincón, frente á la mesa apolillada, su bock de cerYeza do Baviera, ámbar obscuro cuajado de espuma amarillenta, .v afuera, en los flancos de la sierra, el cierzo en el símbolo de los abetos en- tona sn balada: oh, Lottchen .rle ojos azules como los lagos ele Escocia y ~' rizos rubios como el ,·ino de Rhin, acércate á la ventana cuyos vidrios opaca el rnho del invierno, pega tu escnbel al mío; que nuesfros corazo- nes latan mu_,. cerca (quizá latirán muy lejos uno del otro) y oye estn historia, la historin (le mi último sueüo.- Así dije á Lottchen, que ntenclio á mi súplica. y, snrnergiendo mis miradas en las suyas diáfanas, proseguí: -~le encontraba en el seno de un bosque yfrgen, cu.va frescura conserrnban las Dríadas _v el verde esmalte de sus hojas las Xapeas b('– nignas. Solo estaba y no percibla más ruido que el le,·e chapoteo del agua de la. fuente, cuando hería su límpida superficie, trazando espirales, el guijarro desprendido del montículo del limo, ó la plaüidcra mono<lfo <le Céfiro que batía sus alas entre el ramaje espeso. ~o había cisnes que, según la exµreF-ion de Worclsworth, nadan con su sombrn, en aquella fuente donde Diana. mostró en un tiempo su <l0snu<lez gloriosa y donde, cuenta la historia, unn náyade ahogó :i un nuclaz caballero teutón que intentaba abrazarla. Sólo Céfiro palpitaba, batla sus alas y cantabn. -:-Escucha-le <lij e-oh, mi dulce compañero: poeta soy, y bu~– <·o tiempo ha la harmonía mejo!' de todas las harmonías, cuyo secrefü nin~ún mortal ha poseído. Tú, que de cnda álamo haces una harpa, de ca– cln. rama un borclún s:moro y <le cada froncla una tecla de esrneralda, en– ;;ét'iame á. pulsar la lira de suerte tal que su sonido despierte el corazón <k mi bien amada, l¡Ue duerme el sueño de la adolescencia. Y Céfiro respondió..... . En aquel momento el clave suspiraba sus mejores not,as; el vie– jo inválido se había dormido y la abuela de nlvca cofia, gruesas gafas y - 18-

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