LA NACIÓN QUE LLAMA La imagen impresiona como salida de un sueño desconcertante. La niña no es bella y ella lo sabe. Pero esa conciencia —humilde— no impide que esté allí, plenamente presente, tomándonos cuentas. Y habrá quienes la rechacen pues, distando de ser ideal y hermosa, urge por una definición. Pero su inocencia la protege de los desplantes. Su cuerpo está tieso, marcial, a la espera de tu respuesta. ¿Me quieres? ¿No me quieres? La niña nos dice: «Me puedes rechazar, pues no soy de esas figuras que te deslumbran sin que lo pienses. No es un amor a primera vista lo que te propongo. Solo si me conoces en lo bueno y en lo malo, en lo feo y lo bonito, me puedes amar. No pretendo seducirte. Pero si eres tierno, mi sencillez y mi historia te pueden conmover. Pero si solo te vale lo bello y perfecto, entonces me rechazarás como quien se avergüenza de un pariente pobre”. A la niña la circunda un paisaje irregular, misterioso. Unas palmeras aleatoriamente distribuidas en el espacio. Y detrás: un árbol anudado y añoso. ¿Estará vivo? No lo sabemos, pero la abundancia de pasto aleja cualquier premonición de muerte. La niña es una aparición de la tierra, parece surgir de esa circunferencia sobre la que está parada. De un espacio 5
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