La trampa
Qué lenguaje usas? El de un jovencito redé.a sali- do del colegio o el de un político con años de acción ... ? El de un revolucionario, Miguel, tú lo sabes .. . J:ustamente nuestra revolución exige muchos sacri– ficios de vidas ... Ya tenemos una larga lista de sacrificados. . . ami– gos y enemigos. . . . Pero lo que no acepto es que ten– gamos que sacrificar también a niños. . . ¡para agitar la opinión pública.... l Sentimentalismos femeninos ... Un niño o un hom– bre, lo mismo da. Además, no ignoras que estamos en un calleion sin salida. . . I el miedo es nial consejero ... La masa está desorientada. Espera una solución para salvar la crisis. La masa es siempre la misma: obedece. Démosle un motivo y saldrá a ,las calles, aunque sea a recibir bala. . . Tenemos que darle el motivo. El muerto? Sí, el muerto. - I apretándose las manos con fruic– ción - Haremos una formidable demostración de fuer– zas... Levantaremos los ánimos de los "unionistas" ... Volveremos a tomar las calles ... El "muerto" esta vez sólo tenía 14 años. Era un jov>en estudiante de un colegio nacional en huelga ( huel– ga provocada por los agitadores del partido para dis– traer la opinión pública). Una bala perdida - "dispa– rada por la policía" - cegó sus entusiasmos juveniles para siempre. El partido aumentó el número de sus mártires y pu– do lanzar a las calles a una exaltada multitud que re· clamaba justicia. El "califa" se apretaba las manos, sonriendo ner– viosamente: Ya está. Ya tenemos al "muerto" ... Es doloroso, pe– ro necesario. - 56
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