La trampa
rumia en silencio su tragedia. Una angustia indecible le aprieta el pecho y para desatar el nudo, se sirv.e y bebe, bebe whisky solo, ·µnsioso de aturdirse. No, no puede ser... debe ser un error ... Pero no, es claro, allí lo dice. . . Se sonríe. . . Mi hijo, hijo de otro .. . ! Estúpidos! . . . mi mujer adúltera! . . . No · la conocen .. . malditos!. . . , Va a gritar, pero mira los rostros de sus dos ami– gos. Allí están atisbando sus gestos. I él •es un hom– bre, no una simpl·e mujer. En peores se las ha visto. ¿No será ésta una de esas tempestadés que lo sorpren– den a veces en los mares del sur?. . . Sí, es una tem– pestad . . . Sólo que debería hundir su bateo de una vez en e l profundo mar y librarlo de ésto, de esta fie– ra feroz que le clava sus garras en la garganta. . . Vie– jo Stool, todos tus sueños naufragaron. . . Ya no des– cansarás en tu casita con jardín, junto a tu esposa fiel . . . a tus nietos. . . Ya para tí se abrió la puerta de la muerte y la vergüenza . . . que es mucho peor. . . Pe– ro, si se hubieran equivocado? ... Gran Dios, cómo per– mites! . . . I sus puños se crispan y descargan dos gol– pes furiosos sobre la mesa de mármol gris que hacen trastabillar los vasos y caer las botellas. Los tres se ponen de pié y se juntan a Stool. De– jan unos dólares sobre la mesa y del brazo de Stool sa– len a la calle, a la noche. Luego deambulan por las c;tvenidas iluminadas, por los muelles, rumbo. al "Amazonas". El viejo Moon rezonga una vieja canción.. . "Todos los puertos sue– ñan, sueños de amor. . . en todos nos esperan. . . y nos dicen adiós. . . "Su voz, mezclada de alcohol, suena profunda y triste. A las doce suban a bordo. Los dos amigos llevan del brazo a Stool y lo meten en su cabina. Lo dejan sobre la cama medio dormido y salen. Cada uno en busca de su barco, cada uno a su destino. No se dicen . - 35 -
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