La música de las bibliotecas: política y poética de un espacio público, hoy

30 atrás en unas cuantas décadas, y que creer que será eter- na ayuda a perpetuarla. O en pensar que la desigualdad económica no tiene la importancia que se le suele atri- buir y que lo importante es que todo ser humano dis- ponga de suficientes calorías, proteínas, agua potable, ropa, techo… Pero también de tiempo para descansar y no hacer nada. De espacio (físico y temporal) para no hacer nada y soñar, y de la capacidad para dialogar con sus sueños… algo que propician las bibliotecas públicas y los jardines, que no en todos los países ni en todas la ciudades hay, ni funcionan por igual. Tal vez los índices de desigualdad entre países y ciu- dades ayuden a explicar por qué algunos países ofrecen una biblioteca pública acogedora, en la que cualquiera puede entrar a acceder a los bienes culturales creados por otros, o a participar en la comunidad de creadores aun sin tener título alguno, o a no hacer nada, al menos por un rato. Pues las bibliotecas públicas permiten eso que ninguna institución permite y propicia: acogerte para ser siempre tu casa, acogerte para que te transformes y puedas alternar entre el ocio y el trabajo, la soledad y la compañía, el sueño y la vigilia…

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