La música de las bibliotecas: política y poética de un espacio público, hoy

113 incluso, étnicas. Ha permitido que cualquier persona pueda hacer públicas sus creaciones, creencias u opinio- nes, la emergencia de obras prodigiosas: la mencionada Wikipedia, pero también miles y miles de espacios y canales digitales en centenares de lenguas. Hoy resulta más sencillo que nunca publicar. Pero eso no forzosamente supone crear espacio público. «Hacer público», eso quiere decir publicar . Hace unos siglos, la principal justificación para proteger el de- recho de todos a publicar era generar un espacio público en el que se pudiera exponer y conciliar las diferencias. Y se suponía que si se publicaba y se enseñaba a todos a leer (y a escribir), se lograría no solo hacer una sociedad más democrática y civilizada, sino formar un mercado para enriquecer nuestra vida y participar en una cadena de valor. Uno y otro estaban vinculados. Eso era algo que nos concernía a todos los que participamos en los diferentes oficios o eslabones de la cadena del libro y la lectura. Desde luego, también a los bibliotecarios. Pero para que lo publicado genere público es necesa- rio algo más que otros te lean, o sigan. Para que lo publi- cado incida en lo público es necesario que lo publicado genere y retenga la atención, un bien escaso. Cada vez más.

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