La música de las bibliotecas: política y poética de un espacio público, hoy

107 (casi) todos preferimos darlo por perdido. Sí, hoy todo se graba, pero todo se desvanece, aun- que perdure. Porque casi todo lo podemos grabar, pero (casi) nada se queda en la memoria de nuestro cerebro. Porque (casi) todo se graba, nuestra relación con lo gra- bado ha cambiado, y (casi) nadie sabe en dónde leyó, o dónde está conservado lo que leyó, escribió o que grabó. Nada, ni en los USB, que supusimos que todo lo alma- cenarían, ni siquiera en los drives . También podríamos decirlo de otro modo. Hoy todo queda grabado en las otras memorias: random , del disco duro, de un cartucho o en la nube, solo que no recordamos cómo llegar, ni siquiera el nombre del archivo. Ni para qué. Amanera de provocación, imagino a un historiador del siglo XXII. Tal vez pensará que en nuestros días los seres huma- nos no se escribían cartas ni mensajes, pues nada de nuestros mensajes permanecerá. No se escribían, dirán de nosotros; hoy no hacemos otra cosa. En cambio, ahora estoy gozando de una novela japonesa del siglo X, el Genji monogatari de Murasaki Shikibu, que revela la compleja manera estable- cer relaciones amorosas dentro y fuera del matrimonio en el Oriente, en buena medida vinculada al arte epistolar.

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