La independencia inconcebible

chilena, aunque conoce el Manifiesto de Pezuela y los escritos de García Camba. 214 CDIP (1971, VII, 2, pp. 155-163). Se reproduce el «Informe emitido por D. Eugenio Cortes, con fecha 24 de agosto de 1820, en la Causa seguida con motivo de la pérdida de la fragata de guerra Reina María Isabel, al mando del teniente de navío D. Dionisio Capaz, en el puerto de Talcahuano», que firmaba en la fragata Prueba, en el puerto del Callao, el 24 de agosto de 1820. En este juicio actuaron como fiscales dos oficiales de Marina, el capitán de fragata Joaquín Bocalán y el teniente de navío Eugenio Cortés, que en clave corporativa eximieron a Capaz. Cortés, encargado de hacer el alegato final, mostraba su satisfacción por no haber encontrado crimen del que pudiera acusarse a su compañero de armas. Sus consideraciones se basaron en que los barcos que componían el convoy estaban en mal estado y no adecuadamente pertrechados para cruzar el océano, así como en la desafortunada actuación de Mariano Osorio, yerno de Pezuela. En su opinión, la María Isabel hubiera podido salvarse si «el jefe destinado a cumplir las órdenes de S.M.», es decir Pezuela, hubiera prestado auxilios. Por lo expuesto, y por su comportamiento en la defensa del Callao en octubre de 1819, Cortés entendía que Capaz debía quedar libre de todo cargo. «Conclusión fiscal en el proceso instruido sobre la pérdida de la fragata de guerra Reina María Isabel, su comandante el teniente de navío D. Dionisio Capaz, por el capitán de fragata D. Joaquín Bocalán, fiscal de dicha causa, año de 1820», Callao de Lima, 1º de setiembre de 1820. En CDIP (1971, VII, 2, pp. 163-170). El capitán Bocalán, segundo fiscal en la causa contra Capaz, acudía a argumentos semejantes. Básicamente denunciaba el mal estado y dotación del convoy, que tuvo que pasar por condiciones climáticas adversas antes de fondear en Talcahuano. No fue ajeno a la debacle final el comportamiento de los jefes territoriales que no prestaron a Capaz la ayuda que requirió y, en última instancia, del virrey (Torata, 1896, III doble, pp. 334-405). El defensor de Capaz fue José Ignacio Colmenares, que luego formaría parte de la Junta de Pacificación y que, a pesar de estar retirado, aceptaba el encargo de Vacaro porque tenía pruebas de la inocencia de Capaz. Su defensa era prolija y muy explícita en las acusaciones contra Pezuela y los oficiales que, en su opinión, fueron los responsables de la pérdida de la María Isabel. García Camba reprodujo un fragmento de este documento (1846, I, pp. 374-377). En el ínterin se produjo la incursión de lord Cochrane, almirante de la escuadra chilena, y Vacaro, que estaba satisfecho con el comportamiento de Capaz, le confió el mando de la fragata Resolución, aun sin interrumpir el juicio que por entonces se celebraba. 215 Unanue denunciaba en Los males de la guerra civil y el deber de los escritores que «no advirtió que debiéndose apoyar sobre mi firma, como Secretario de la Diputación para las negociaciones pacíficas, la legalidad de los documentos que han de publicarse, se exponía su veracidad a los ojos de quantos saben que se puso en la imprenta mi firma sin mi consentimiento». En CDIP (1974, I, 8, pp. 829-830). 216 Dionisio Capaz (1920). Manifestación de un hecho comunicado al público por el Sr. D. Hipólito Unanue de un modo diminuto. Lima. Texto impreso en la oficina Ruiz a cargo de D. Manuel Peña. 217 Dager Alva (2000, pp. 36-37) trata el enfrentamiento y propone que Unanue, en Miraflores, escribía aún como súbdito, pero que su manera de pensar estaba en plena transición. Después se retiró a la hacienda de San Juan de Arona, donde permaneció 223

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