La aurora
./_¿.A AURO.RAo v 1111 Par de Francia consti– ·• uirse maestros de l'scueln de su propia autoridad, y revindi– car la libertad ele la enseñanza en la harra del tribunal nrns elevado cid reino. El pueblo Yt•ia todo esto; 110 comprendia la interven<·io11 ,lel Papa t:>11 a,p1el B8U11t.o: pero t·on10 t:-ra cosa muy nue\'lt, la aplaudía. Por la mismn razon, los nitos dig·natarios de la Iglesia frnn– cesa, fuhninaban mandamientos contra aquella democrncia de sotam1, J solicitnban vivn,nente de la Santa Sede una bula de ceusurn. En Ro111a 110 snbian co1no ha bia n de cerrar la boca a amigos fogosos, que •1ue– rian absolutarnente dotar al Papa de 1111 ,~iJer espantoso. Oeho siglos antes, el ambicioso 1-lildebran<lo se hubiera arro- . jaclo al cuello de los redactores del Porvenir; pero Gregorio XVI, hacia poco caiso clel· ajitaclo papel de dictador re1m– blica110; y sin etnbargo, u pe– sar de su poca simputia por aq11ellns atrevidas doctrinas, retrocedía nnte una condena– cion. Pnrn ,~nflr. • de todas-.sus " "" ~ .,, \'.ti incertid11n1bres,-, ·1111_.unc«;~-.l" Mr. de La-ItJeinais qtte'.· su~pendih ·· su pea·iod ico, y 'l ue ,í ini~mo i bit a buscar a Ro,nq.. una saneion -o una censur,t. Aquel viaje uo tuvo al 1•ri11cir>io re– sultado . alguno. --?-,-· [Seguir~.] j 1 - ------ -------~-- r .flRIED.flDES. EL JUEZ, EL SACERDOTE Y EL LEJISLADOR. TRADUCCION. Ya o!' lo he 1licho pa<lre mio, el a1sla– mie11to sati~face mi alma, i'Jlle necesidad le11go yo 1le otro amigo que vos 1 Sahe~ lamhie 11 hijo mio que te11<lrias 11el'e!!<idad de vivir ele tu mndeslo palrimo. 11i,,; porque 11uestro ¡;,acerdocio es ,le aque– llos ,¡ue no 1lebe11 ser correspo11di1los . en e lite mu11ilo. Co11 vo~ ¡o lladre mio¡ yo viviría co11 lo poco que te11emo:-i. Sabes hijo tui<,, que ,le 11uevo te111fria"' 'Jue palidecer bajo ,le ti istes y mu_y arido!!! estudios _v consumir asi en laboriosas vi_ji. lial'I, los fre"~.)s y florec1e11tcs años tle tu juveul\ld! Este nnevo porvenir <le trabajo me agra,la y me inte.esa porque si tu me cu11~iclera!4 dig110, ¡111etlo co11d11drme al ter– miu,, •¡ue ardie11te111e11te a11sio, ¡,adre mio. E" dertu hijo mio, 1¡ue tu eres labo– rioso, gra\'e y pe11sativo, e1'1 cierto <¡ue el jerrne11 ,fe las mas sev~ras v ma!4 rn.ras ·virt111les t>sta. en ti. Yo se ;p,e las 1101Jles . aspÍl'acione" ele tu alm,t joven, tau 1mra y '" ta11 radia.11t.e, te arrebata11 asiú. a esta sobe– ra,u mi~ion Pero ¡ay de mi, hijo mio! piensa bie11 1¡ue a1¡11el •111e ha de jusg·ar ;i sus ice111e_iei1tes, 110 le111lra jamas ta sa– tisf,w1011 s~rena y co11sola11te de ~aber que Ita j11sgad,1 con justicia ¡sie:u¡we hay una du- ti cla espa11to"a! siempre hay 1111e temer que ., 1111estra razo11 obscurecida por una iofiue11. c1a h11111a11a, 110 haya podido discurrir lo justo .,• lo injusto; 'l"e haya confo11dido al . culpable y al inoce11te, ¿no es horrible et creer, r1ne e1. clia ,le la eterllidad, uua Toz divma 110~-dir.t si el juicio qne tubimos fue ,liriJiclo por la ,·erclad? No padre mio, voi- me habeis espanta. do. Yo 110 estoy á la altura de e ::ita voca– cion santa y solemne: yo sie11to temores que nie ajitan. Yo voy a retirarme.--T11l– ' 'ez 1111 tlia me hallareis digno <le aspirar A este sacerdocio. T. C. -o-- SONETO. ...__,,,,_,..,,~ . l'_obre, Rico, V asalto, Soberano, Todos he1·'itianos son, todos pttrientes
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