La abeja republicana edición facsimilar

3~ ridad, que no puedan ser batidos completamente 1 y mas> cuando ro– Jlizos é inumerahles volumenes de pergamino se han precipJtado de las bibliotecas, que formaron los si– glos 12, J 3 y hermanos., al a parecer el pactn social, pequeiío folleto a la verdad , pero tan prodigioso como )a piedrezuela, que derribó la gi .. gantezca estatua <.fol rey de Asiría ¡Gracias al virtuoso ciudadano de Ginebra, que enseñó á aplicar el arte de discurrir al de obedecerse a sí mismo, aun bajo las institucio-– nes socia les ! Ciertamente, que el g·obierno monárquico es el mas sencillo; y cuantos lo han analizado, se han detenido únicamente en el mod,> de enfrenar !a au torida<l del rno ... uarca. De aquí, senados que pro· pongan , congresos qne represt>n– ten , y otros establecimientos, ll ue moderen.,. reduciendose eu sustan– cia tantos conatos, a evitar que el rey sea ttbsoluto, y procurar que Adviértase cómo enaltece la autoridad de El Contrato So– cial: pues juzga que bastó su aparición (1762), para desa– creditar los tratados y las apologías que en los siglos anteriores ensalzaron el dere– cho divino de los reyes. Tal énfasis era preciso, en ese momento, para desacreditar los planes monarquistas en el Peru, que en parte atendían al principio de legitimidad preconizado por la Santa Alianza, y en parte a la creencia de que el régimen monárquico era el más esta– ble; es decir, alentados por el temor al respaldo que la San– ta Alianza pudiera ofrecer a España para mantener su do– minio sobre América, y por el temor al liberalismo.

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