La abeja republicana edición facsimilar

ll8 REMITIDO• .El ciudadano que no procura. evitar los sacrificios que haga su patria, ,in otro obje_to que la condescendencia, será un criminal e indigno de -altetnar con sus compatriotas. . Son bien manifiestos 101 que acaba de hacer Lima para preparar la expedi– cion que ha salido en busca del enemi– go, tambien es público qu-e lt>s empleados e.stan careciendo de sus sueldos , y es un ~olor que el gobie:rrto esté gastando como treinta mil pesos todos los mesefli en pa– gar á la gran porcion de oficiales perte– necientes á las tropas de los Andes. Es– ta division se compone cuando mucho de ochocientas á mil plazas, y ·el número de jefes que hay en ella (los mas de plana mayor ) carresponden a un ejér'Cito de diez mil hombres. El Perú lo que necesita es 1oldados con sus necesarios oficiales , y no ttna porcion de Coroneles , Generales de Division , &c. &c. &c. To<los lo~ días ~e puede decir se dan entre ellos grados y ascensos, y entro fle poco tiempo acaso no bastaráh las rentas del estado para e!tos Se– nores. No dudamos un punto del amor que les asiste por la libertad : sus pechos es ~vidente se hallan inflados por el amor pa– trio ; pero es constante qnc nnda harán sin aoldados , y por consigHicrtte parece oportu• Adviértase el inconsistente ra– zonamiento de la pasión polí– tica inspirada tal vez por Riva Agüero. Se dice que "la gran porción de oficiales pertene– cientes a las tropas de los Andes", y que aún prestaban sus servicios en el país, eran virtualmente innecesarios. Se trataba de coroneles y genera– les; y lo que se juzgaba conve– niente eran soldados con algu– nos oficiales de inferior jerar– q_uía. El desconcierto que re– fleja tal punto de vista condu– jo unos días después a la eva– cuación de Lima, debido a la imposibilidad de contrarrestar la ofensiva realista. Proscrito, Bernardo Montea– gudo escribió una Memoria sobre los principios políticos que seguí en la administra– ción del Perú (inicialmente aparecida en Quito, el 17-111- 1823, y reproducida en San– tiago de Chile aquel mismo año). Como lo anuncia el "re– mitido", envió ejemplares a los amigos que había dejado en Lima (como el propio Pre– sidente Riva Agüero, Torre Tagle, Mariano Alejo Alvarez, Francisco Valdivieso), y ya se advertía el deseo de rehabili– tarlo. Pero cuando Bolívar abandonó Guayaquil (7-Vlll- 1823) para trasladarse al Perú, el ex ministro se dirigió --+

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx