La abeja republicana edición facsimilar

61 San Martin no conocia demasiado al famoso Monteagudo, pues por aus picardias lo mandd desterrado con un par de grillos a Mendozal y con este conocimiento ¿ cual fue el objeto de haber nombrado de ministro de estado á ese misan– tropo ? responda el General San Martin. Sobre el conc~jo de estado (qne solamente lo hay en los gobiernos monarquicos) compuesto la mayor parte de antipatriotas , se prueba muy bien en el mero hecho de ha– ber brindado estos señores del an– teptcho en union de la nobleza, Ja corona al Protector del Peru como lo aseguró el autor del pa– pel titulado el vindicador del Gene– ral San Martin;, más de que esponw gan los ex-consejeros en honor suyo y por medio de la prensa, los ser– licios que hallan hecho á la causa 8mericana, tJUe por los que en con– tra se les conteste, conoc~rá ~• ge– neral San Martin que en lugar de haber dado a algunos esaa altas Ingratas desavenencias y tur– bios episodios -entre /,os cuales se cuentan los fusila– mientos de los hermanos Juan José y Luis Carrera y de Ma– nuel Rodríguez-, la logia que gobernaba en Chile dispuso el confinamiento de Bernardo Monteagudo; fue enviado a Mendoza, y desde allí a San Luis. En parte, se le acusó de haber intrigado contra San Martín. O 'Higgins (en carta a San Martín, del 15-X-1817) lo llamó "ingrato " y ''falso"; y Antonio José de Irisarri (en carta a O 'Higgins, del 30-XII- 1818) apuntaba "que, aunque sea tan malo como es, al fin nos ha servido en cosas de im– portancia". Pero allí actuó en la sofocación y el castigo de prisioneros españoles amoti– nados, y el propio San Martín acudió a redimirlo de su cau– tiverio (21-II-1819). Así como el Consejo de Esta– do habría insinuado a San Martín la posibilidad de que se le reconociera como rey, los aduladores echaron enton– ces a circular papeles impre– sos y canciones con la misma idea. Pero debe subrayarse que en ningún momento con– taron con la aprobación del Protector; y que inclusive de– salentó a todos.

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