La abeja republicana edición facsimilar
57 riernM, y sinceros sentimientos de surorazon., a aquel hombre en quien se creyó residia el poder de ha– cernos felices e independientes1 ¿quien no le prestó un respeto religioso, y una obediencia ciega á la mas corta insinuacion de su que– rer? ¿quien no se abanzó en su ob– sequio a allanar las mas dificiles empresas? ¡ah! ¡que no hubiera sido cm el Perú sostenido por las fir– mes voluntades de los que hubie– ran encontrado en él un menos engañoso patrocinio! mucho ín– fluía el solo nombre del vencedor de Chacabuco en el corazon de los limeños: mas estos reiterados testi– monios de sus torcidas ideas, y la presencia de sus hechos tan fre– cuentes, nos conducen al estremo de presentarnos denodados á la pal~tra á que sé nos ínvite., por cualquiera de los jurados defen– sor~ de los misterios de la logia. Protestamos ante todas )as nac io– nes que nada otra cosa impulsa nuestras plumas para tratar de es- Apasionada deformación de la verdad se desliza, al hablar del prestigo de San Martín co– mo algo pasado. Por algo se le quiso confiar la dirección de los ejércitos nacionales, aún después de su renuncia al car– go de Protector; _s~ _emp~zk a suscribir una pet1cion publica para invitarlo a regresar, al Perú; e inclusive se explico el fracaso de la primera expedi– ción a intermedios por la au– sencia de un jefe tan presti– gioso y experimentado como él.
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