La abeja republicana edición facsimilar

He aquí un diálogo callejero, en el cual se desenvuelven chismes y alardes propios de palanganas. Uno, que pre– sume poseer méritos ittcom– prendidos y mal est~ados, que todo lo halla mllf y echa de menos el tiempo pasado. Otro, que aparenta prud~ncia y en verdad excita las habla– durías de su interlocutor, pa– ra deducir de ellas una con– clusión a su medida. 18 go se engafta, que jamas lo he si. do, ni quiero serlo--D. T. y porqué? D. L.-Porque esta pa– tria me incomoda mucho Mire V. en tiempo del rey lo pasaba bien, pero ahora malisimamente, de mo.. do que estoy con ganas hasta de ahorcarme : vea V. si tendré ra– zon .-D. T. Es V. muy violen• to.-D. L. ~Que dijera V. si me viera patear en mi casa, cuando me acuerdo que este demonio de La– serna no acaba de venir? peto va– mos al asunto : mis principios ge– nea logicos no los quiero referir porque son bien not01"ios. Despues que me arrojo el volean de Are– quipa en una de sus repetidas erup– ciones, aprendi el arte de la mas• ticacion del mais, de suel'te que, ningun chichero me ganaba en es· to : vine á Lima , cursé la jur1t.. prudencia., mi carrera ha sido lu– cida en el foro: pero eso si, hom· l>re de bien a las derechas: jamas be robado á nadie, como todos lo saben. En vi5ta pues de mis re•

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