La abeja republicana edición facsimilar

268 encierran dentro de nuestros mu– ros: ni en los reclamos de un sexo timido y cobarde, que presumen nos retraerá de las empresas glorio– sas, al t'scuchár la melanrólica ,·oz de sus gemidos. Todo será un ob5- táculo débi1 á nuestra~ ardientes an– sias. Queremos ~er Jibres, y lo se– rémos a pesar de Jos esfuerzos de )a protervia y sen·ilismo. Arros– traremc>s con denuedo los mas m– tninentes riesgos: internarémos con valor en los mas espimtosos preci– picios: y arrancando con atrevida mano el laurel con que quiere ce– ñirse el despotismo , coronaremos nuestras sienes C"on lauros mas pre– ciosos que los que recojen en los eampos regados con la sangre de los infelice& los tiranos de la Espa– ña. No de1tttmos compatriotas que vuelvan esos genios mal~fic(")s, ins– tnnnentos de los designios de Fer– tHrndo á mandar en et Perú. To– tn emos las armas sin temor; y el barbaro egoista que mire indifcreo- Dice que los españoles reco– gían lauros "en los campos re– gados con la sangre de los in– felices". Y así se refiere a las depredaciones cometidas con– tra gentes indefensas, en los pueblos que amparaban con su silencio las acciones de las guerrillas patriotas; a la muer– te indiscriminada que sembra– ron a su paso, para intimidar; a la destrucción que algunos jefes realistas dispusieron, para castigar la simple indife– rencia.

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