La abeja republicana edición facsimilar

154- Y. con los principios de humani ciad. Si queremos tocar al cabo con )a misma felicidad que se han lle– bada las cosas, no nos ocupemos en nosotros mismo~.· no seamos ex– tranjerns en medio de nuestro mis• mo país, al modo que lo han si– do nuestros PP. por tres centurias. No envilescamos nuestra alma; por– que entonces se hace servil., y se acostumbra a sufrir cualquiera yu– go: estas almas llebarán el terror hasta el Capitolio lejos de despre– ciar los peligros. No pot eso se desprecie a aque• llos <1ue cual Trasibulo han arro– .iado á los tu·anos, y han prepara• do los animos de sus conciudada.. nos para repetit· la escena del sie– te de setiembre en el veinte cinco de julio de 1821 de 822. M .J.". Afemoria lJ recuerdo tiriste de los que lian muerto por lti libertad <k la Patria. Que dulce melancona embar- Dícese que los criollos fueron extranjeros en el propio país, porque sus miradas se dirigían hacia la metrópoli para orien– tar sus actos. Como el Perú era dominio colonial o pro– vincia de España, resultaba ló– gica aquella actitud. Pero la insensibilidad de la adminis– tración española hacia las ne– cesidades y las aspiraciones del país despertaron el senti– miento nacional. Adviértase la confusión final. Debe decir: "para repetir la escena del 7 de setiembre de 1821 en el 25 de julio de 1822". Como se ha dicho, M.F. es Manuel Bartolomé Ferreyros.

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