La abeja republicana edición facsimilar
... 136 seguirlo tamhien a las mansiones· del olbiclo: á la. esposa postrada de rodillas no alcanzar el perdou que demanda enternecida, y al ele– var las manos trémulas al Cielo, recibir los golpes de la tiranía: to– dos, todos serian el objeto de su fie– reza, y sufririan el castigo por su misma piedad ; sí ; por su piedad. Desde que- destrozarnos el cetro de la España, consiguiendo nuestra in– dependencia nuestros deseos no han sido otros que separarnos de esos viles españoles que viven con no– sotros mismos, y que manifestan– do en sus semblantes nna apa.-ente conformidad, solo tratan y han tra– tado de oprimirnos de nuevo, es– perando gustosos el momento fa... borable a sus deseos; al paso que lés hemos dado razgos de huma– nidad , ellos no han cesado de tra– bajar en nuestra ruina; de afilar en secreto el cuchillo de la ven– g·anza; de remitir al ejército ene-– migo nuestros concertados planes; de destruir la opinion de la pa• Criticóse a Monteagudo ,po.r la implacable dureza del trato dado a los españoles que habi– taban Lima, sin considerar los años que en ella hubiesen pa– sado, ni la pacífica índole de sus ocupaciones, ni la circuns– tancia de haber formado fa– milia peruana. Y aquí se pro– picia la misma política, dán– dole como fundamento la pe– ligrosidad de su conducta y aun su simple presencia, en la difícil situación planteada por la derrota de la expedición a Intermedios.
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