La abeja republicana edición facsimilar

[i I 134 propios· mnles, jamas lebantaba– mos la desfalleciente voz ante el ceñudo aspecto de un despota te– mible _. por que el puiíal y el su– plicio nos presentaba enfurecido. Pero ya que llegamos á salir con gloria de tan bárbaro dominio, ex– pulsando de nuestro suelo a esos crueles opresores, debemos procu– rar no venga el dia infausto en que victoriosos por sus aguerridas armas, vuelvan á lebantar el g·ó– tico edificio que yace sepultado entre minas, pues uos esperan sin remedio la muerte y la desgracia. No quisiera recordar et pa• voroso cuadro que a.eongoja mi imagfoacion, cuando considero tris– temente sucumbida la patria por su rnisma bondad bajo el poder español. E 1 lug·ar pacífico donde reyna la ínocencia y la virtud~ se c011 vertiria en horroroso teatro de sang·re y de terror. Los crímenes mas espantosos iniiamariáu el ca1·– nivoro corazon de los tiranos, y cual e11furecidos tigres devorados Las derrotas experimentadas por la expedición enviada o los puertos del sur, en las ba– tallas de Torata y Mo<¡uegua (19 y 21-1-1823), habia sido comunicada a la opinión pú– blica por la Gaceta del Go– bierno, el 5 de febrero. Por lo tanto, el tono pesimista del autor se debe a la impresión suscitada por la noticia. E imagina las venganzas que los realistas podrían llevar a ca– bo, si restablecieran su domi– nio, para dar paso a una espe– cie de arenga cívica y excitar una activa reafirmación pa– triótica.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx