La abeja republicana edición facsimilar
El capitán Manuel Anaya, ayudante del Estado Mayor del general José de la Serna en la campaña del Alto Perú, fue enviado como parlamen– tario ante el general Manuel Be lgrano (VII-1818 ), pero con instrucciones precisas de observar el estado de las fuer– zas patriotas; y, hecho prisio– nero, fugó a Río de Janeiro. De vuelta al Perú, fue agrega– do al Estado Mayor del ejérci– to 9-ue comandaba el $eneral ]eronimo Valdés. Paso a ser comandante del partido de Tarapacá (XI-1822). Pero lo animaban "sentimientos tan nobles, como generosos y li– berales", optó por adherirse a la causa patriota cuando llegó al_ P.'!erto de !quique la Expe– dicion a Intermedios, dirigida por el general Rudecindo Al– varado; y así evitó a la pobla– ción los estragos de un en– frentamiento. 5.r; REMITIDO. Es un acto <le justicia que ins– pira. e~ rcc~moci!nicntu la recornpcn– ~a que debe d1spensar5c á aque– llos que han sido el instrnmento de los progresos de nuestra libertad ci– vil, sus caros nombres grabados en nuestros pechos , nos recuerdan á cada instante que ellos nos han se– parado con valor del horroroso pre– cipicio , donde 110s i ha á sumergir la sangt·ienta mano de los tir;.rnos. Facilit:ir á nuestros valientes del exército del Sud el tránsito en }u. garcs guarnecidos por el enemigo, auxiliarlos en ]os primeros ensayos, y aliviar á los habitantes <le la co– mandancia de Tara racá de males incalculable~ que estaban sufriendo es obra de un benemcrito que á pa!!io redoblado ya nos dirige al tem– plo de la victoria. Uno de esos es el Comandante de aquel partido Ca– pitan de el Estado mayor del exér• cito encmio-o; el honrado Español b D. Manuel Analla cuya conducta an- tigua en nada ha desmentido del con-
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