La abeja republicana edición facsimilar
52 mo interes los destinos de su Pa– tria. Es notorio que la Comision de hacienda se dirigió á la Aduana pa– ra descubrir el estado de sus ren– ta~. Despues de haber ocupado mu– chos dias en aqucl examen , no pu– do penetrar el cabos en que se ha– llaba dicha administracion con res– pecto á sus créditos activos: pasó al puerto del Callao, en donde pu– do instruirse de que en e! tnmi"! no de un afio hasta octubre último habian fondeado trescientas embar– caciones mercantile$ , mas ó menos, y cuyos derechos se hallan insolu– tos en gran parte , á pesar de es– tar vencido~ los tt~rminos que pres– cribe el reglamento. Las fatales con– secuencias que siente el Erario, en circunstancias las mae apuradas por el csta<-lo actual de guerra, no so– lo son palpables, si no que nJ me– nos acreditan, ó una omision en el administrador que le hace poco ho– nor por su indolencia, ó carecer de las aptitudes precisas para el car- Administrador de la Aduana era Juan Antonio Gordillo, interinamente encargado de revisar el estado de aquella oficina el 21 de julio de 1821, y nombrado en propiedad el 20 de octubre del mismo año. Se advierte que hacia su cargo apuntaba el interés del anóni– mo comentarista.
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