La abeja republicana edición facsimilar

38 bildo no hizo sino e·ritar el rompi– miento del pueblo: mas claro , de todos los habitantes del Perú, que no pudieron ni quisieron por mas tiempo estar á la discrecion y vo– Juntad de un déspota feróz; pero si es imperdonable en ignorar los derechos sagrados de los pueblos, y todavía mas lo que esperimentó en esta Ciudad su amigo Montea• gudo. En Buenos-Ayres fué no so– lamente proscripto sino castigado por mas de dos mil hombres que lo afrentaron por las calles, salivan– dole el rostro, llenandolo de lodo, é improperiandolo como se mere.. cia. . . . En Lima se le miró con la mayor consideracion: su persona fué respetada, y los bienes que por su misniatcrio, adquirió en un año, que no eran de poca importancia, se le permitieron que los sacase. Con ellos tendrá lo euficiente para vivir, eón mucho lujo, en cualquiera otra parte en que no puedan reclamar los interesados en ellos. Esta generosidad de la Muni- Elegido diputado por Mendo– za (1813 ), Monteagudo inte– gró la Asamblea Constituyen– te en Buenos Aires, y desde ella favoreció la exaltación del general Carlos María de Alvear al cargo de Supremo Director de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero cayó en desgracia cuan– do éste fue derrocado (17-IV- 1815); y entonces hubo de sufrir prisión, el embargo de sus bienes y la proscripción a que se alude. "Los bienes que por su minis– terio adquirio en un año" y que se le permitió sacar cuan– do fue depuesto, son una fic– ción, o por lo menos una exa– geración: pues desde el ex– tranjero reclamó los sueldos que había dejado de percibir, a fin de atender precariamen– te a sus necesidades.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx