La abeja republicana edición facsimilar
321 ilusion, que ha. reynado por tres ~iu-los consecutivos , y para llevar– lo r, adelante se lidiaron once ó do– se corridas de toros. Contemplan– tlo la situacion del Perú en d aflo próximo anterior, be baria increi– hle que cuando se debia comen– zará remediar tantos dPsm,trcs~ co– mo los que habia espcrimenia<lo, no solamente se mirasen con in– d iferPncia sino que se diPse una proteccion al exterminio <le los buc– les. Se dirá que se tolerarnn por ~l lucro que reportaba el erario con lori prorl uctos de las corri,las. ¡Ah'. Que verguenza ! que ideas tan mPzquinas, ó mas bien , que ignorancia de la cieilcia de econo– mi<l: política~ ¿ Será crci ble <"}UC por aprovechar de pronto q uiuce ó vein– fr mil peso~~ se consienta en que el Estado reciba una estocada en el corazon? ¿ Cuantos ,·einte mil pesos no pierde el Estnrlo con la ruina de la agric.ultura? Ademas d~ lo que deja de percibir de lo:-– d1ezmo~ y cabezon , que es infini- Censura las corridas de toros, por el perjuicio que ocasiona a la agricultura la destrucción del ganado. Tal como lo sos– tuvo el doctor Gregorio Pare– des en una disertación leída ante la Sociedad Patriótica, durante la sesión efectuada el 5-III-1822. De modo que esa opinión parece haber tenido adherentes. Pero es curioso que no se haya establecido una relación entre la matanza de toros en las corridas y la entrega de sus carnes al mer– cado de consumo.
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