La abeja republicana edición facsimilar

319 nio los g~nados de sus valleei, co. mo f'S notorio, no se ha. resentido menos de igual desastre todo el ter– ritorio de nuestros departamentos libres. Pareceria portentoso que no obstante esa calamidad, se coma todavia carne en e5ta cnpital , si no se supiPse que desde J aen de Bracamoro~ han estado trayf ndola y á la verdad, que no debemos es– perar que en lo sucesivo la haya, cuando ya palpamos por la cares. tia el efecto de su escasez. Si prescindimos del ab~sto de carnes para la ciudad, no será lo mismo con todo lo demas con que vivimos. Mas claro: sin la conser– vacion ·<le la pequefla parte del ga• nado que ha escapado de las ma– nos avaras y de las montonera~, no es posible que en adelante poda– mos labrar las tierras, ni que los c?mestibles se mantengan al pre– cio que al presente. Esta es una dcmo~tracion pal– pable. El Perú tenia pocos gana.. dos en sus costas. La mayor par– te de estos fué consumida por el

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