La abeja republicana edición facsimilar

Exalta la quietud de la socie– dad doméstica: en la defensa de las artesanías, que mantie– nen ocupados a los hombres y les permiten ganar el pan coti– diano; y en la exaltación de las mujeres a quienes la poe– sía ha convertido en símbo– los, precisamente por su con– sagración al hogar, como Nau– sicaa en el lavado de la ropa, A reté en la firmeza de su hu– mildad y su modestia, y Pené– lope en el tejido y el amor constante. 288 agricultura , por su falta y la fran.. queza que se toman otras naciones para extraernos el dinero á favor de la carencia de los renglones ? Me espanto , me entremezco, cuando veo que todos van á con– vertirse en vagos. Zapatos , los mue– bles de casa, los cigarros , todo lo traen los extrangeros con comodi– dad , y nuestros mesnestrales que están ·circunscriptos á esos solos ra– mos ¿ como les irá? Se encontrarán sin destino . y el estado que se man– tiene hoy mas que en ninguna oca– sion del Pueblo, ¿ á que vendrá á reducirse? No hay cosa mas cierta que el trabajo ú ocupacion es un preservativo contra los vicios. Siem– pre he leido con encanto en Homero la ocupacion de la princesa Nauci– cas }abando en el r10 la ropa de su familia, Ja de la reyna Aretea , y la de la casta Penelope. He codicia– do la costumbre t1e esos tiempos para mi pais. ¿ Y será creible, que al tiem– po de empezar á estimularse las mu• geres al trabajo de coser cami• sas por medio de la paga , hayan

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