La abeja republicana edición facsimilar

I -vl Si por a)gun motivo llegares á verte exaltado al rango de re– jir a los hombres segun las leyes que la nacion hubiese dictado , ten presente que en nada has variado de tus semejantes, y que por con-– siguiente eres susceptible á todas las del3gracias que acarrea el disgusto de estos. Nada es mas peligroso que haJlarse á la cabeza ele los ne– (:!:OCÍos públicos: estos presentan tan– tas espinas cuantas deliberaciones se toman en c.5rden á los pueblos, y cuando. se falta á la confianza que estos prestan á sus majistrados y re• preientantes, entonces tratan ele poner en ejercicio los derechos <le que nunca se despojan. Por tus mismas inclinaciones conocerás que el deseo de los hom– bres en el momento que se hacen pú– blicos, es el dominar á los demas1 bajo el especioso pretesto de pru– porcionaJ"les su felicídad , y estoy por asegurarte, que acaso habrá ha– bido sobre la tierra un mortal rp1e haya sabido vencer con firmeza sus pasiones. Las leyes por muy libera.- Para educar el carácter de los reyes, y moderar sus arbitra– riedades o su propensión al abuso, los políticos cristianos les atribuyeron la obligación moral de respetar su palabra: pues, si ésta era la ley que de– bía acatar el vulgo, también debía obligar a quien la pro– nunciaba. Y el "padre" incul– ca aquí un deber semejante a su "hijo •J, en cuanto lo incita a mantener las leyes de la na– ción, en caso de ser exaltado al gobierno. Porque es a base de las leyes que el pueblo ex– tiende su confianza a los go– bernantes, y en ellas tienen éstos la norma moral a la cual deben ceñir su conducta.

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