La abeja republicana edición facsimilar

entre los oficiales de las unidades acantonadas en Lima. Por su parte, diputados como Francisco Xavier de Luna Pizarro y Rafael Ramírez de Arellano obtuvieron permiso para viajar fuera de la capital, y Francisco Xavier Pastor formuló renuncia de la representación que ostentaba. La crisis no había concluído, y se ad– vertía que sólo estaba superada una fase de aguda emer– gencia. Estaba indisolublemente ligada al personalismo turbulento del antiguo conspirador patriota, que fue re– publicano por oposición al monarquismo propiciado por San Martín y Monteagudo, libertario acérrimo mientras otros ejercieron el poder, defensor de los fueros del Congreso mientras aguardó la unción que sus votos podían consagrar; y luego, un autoritario revolve– dor de las instituciones y los principios que no se adecuaban a sus arraigados anhelos, ni a sus transitorias miras políticas. Y es en función de esta crisis, como se aprecia a cabalidad el sino cumplido por LA ABEJA REPUBLICANA, en armonía con la total adhesión que Mariano Tramarria consagró a la personalidad y la tra– yectoria política de José de la Riva Agüero. El editor En armonía con los usos que a la sazón regían el ejercicio del periodismo, cuando LA ABEJA REPUBLI– CANA anunció su publicación no requirió declarar el nombre de su director o editor. En verdad, se prefería mantenerlo incógnito, a fin de evitar la personalización de las opiniones sostenidas ~n sus páginas, y aun para excitar así el interés de los· lectores. Por eso le bastó indicar únicamente ante quién podían acudir los intere– sados: "Se admiten suscriciones en la casa de D. Maria– no Tramarria, calle de Bodegones". Y como la referida "casa" era una tienda dedicada al expendio de tabacos y papeles impresos, su propietario parecía limitado a las funciones de la administración. No tardó en identificarse también como editor. XXI

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