con ellos y el Ynga dijo que no quería; y como [no] quisiese jugar dijéronle que les juzgase los tiros porque se lebantase el Ynga a juzgarles los tiros que ansí hiziesen y como les estuviese midiendo los tiros entosçes [sic] dalle como viesen [f. 150] que no uviese en la plaça yndios que le socorriesen y ansí se pusieron a jugar. Y como Pusupuma [sic] avía ydo sobre el Cuzco, fuese por las cabeçadas de Aporima y dio de noche en un caçique de allí y tomole en sus casas con todas sus mugeres y serviçio; y como le prendiese enbiole al Ynga para que el Ynga hiziese dél lo que quisiese. Y como el caçique fuese llevado al Ynga, ya que estava una legua de do el Ynga estava, enbiaron los que trayan aquel caçique al Ynga un mensajero, por el qual le enbiavan a dezir que si quería que aquel caçique le entrase a dar obediençia aquel día u otro día por la mañana. Y como este mensajero llegase do el Ynga estava, hallole que estava en la plaça mirando cómo jugavan los españoles y estavan en aquella sazón con el Ynga dos señores viejos y el uno a un lado y el otro al otro y el Ynga en medio y detrás del Ynga estava una muger suya y no avía en la plaza a esta sazón ningún yndio sino aquellos dos señores; y como los españoles tenían pensado de le matar aquel día de qualquier manera que fuese y como aquel mensajero llegó a do el Ynga estava, púsose detrás del Ynga y díjole al oydo el mensaje que traya y el Ynga bolvió sobre el hombro la cabeça y dijo al yndio lo que le paresçió. Y como los españoles le viesen al Ynga enbaraçado, llegáronse al Ynga y dijéronle que les fuese a juzgar çierto tiro y reyerta que tenía y el Ynga no les quiso responder y diéronle un renpujón en un muslo. Y bolvió el Ynga el rostro a Gómez Pérez, que se lo avía dado, y díjole enojadamente al Gómez Pérez que esperase a que despachasse aquel mensajero y que acavaría y bería lo que le dezía. Y con esto tornó el Ynga a bolver la caveça sobre el hombro a hablar con el mensajero. Y como esta vez postrera bolviesse la cabeça, allegáronse allí todos los españoles y Gómez Pérez sacó su daga y diole al Ynga una puñalada en los pechos y el Ynga, como le diesse aquella puñalada, lebantose en pie y arrojole la manta a los ojos y el Gómez Pérez tornole a dar otra puñalada y açertole por parte que cayó el Ynga; y los dos señores que estavan con él lebantáronse en pie y arrojaron las mantas a los españoles y los españoles saltaron con ellos y con sus dagas matáronlos. La muger del Ynga, como viese lo que pasava, [f. 150v] dio gritos; y como los españoles uviesen hecho esto, dijeron a uno dellos que acavase de matar al Ynga, que aún resoplava. Y ellos fueron corriendo a la cassa de 419
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