Capítulo xxxix. En que trata de cómo Topa Ynga Yupangue se retrujo a la çiudad del Cuzco y de las cosas que hizo y proveyó en ella, en fin de las quales murió; y del proveymiento y cosas que se hizieron después de su fin y muerte. Después que Topa Ynga Yupangue dio y repartió el pueblo Chinchero a los señores de la çiudad del Cuzco en la manera que ya avéis oydo, estúbose recreando en él çierto tienpo, en fin del qual paresçiéndole que hera ya viejo y travajado y que hera razón de descansar fuese a la çiudad del Cuzco, adonde se estubo mirando y proveyendo en el bien de su pueblo y república dél, haziendo guardar y guardando [f. 85] en todo y por todos los mandamientos y cosas hordenadas por su padre. Ansimismo entendía en enbiar muchas cosas y dádibas a los señores caçiques naturales de toda la tierra, enbiando a unos ropa preçiada e a otros mugeres de la naçión del Cuzco en quien uviesen sus deçendientes y suçesores; y a otros vasos y joyas de oro y plata según que a él mejor le paresçía. Todo lo qual hazía Topa Ynga Yupangue por tenerlos y conservarlos en su amistad, porque no se le revelasen y le enquietasen y diesen travajo en los tornar a paçificar y meter en su dominio, porque hera ya viejo y los travajos pasados le tenían quebrantado. Y siendo pasados dos años y medio desde la fundaçión del pueblo Chinchero, adoleçió de una grave enfermedad; y biéndose agravado desta dolençia paresçiole que se llegava el fin de sus días y que hera bien dar horden en lo que devían de hazer después de sus días los señores del Cuzco, porque su hijo Guayna Capac hera aún muy mançebo y no le paresçía que tenía aun capaçidad, la qual se requería para governar el reyno. Y luego que esto presupuso, mandó que se juntasen los señores del Cuzco allí do él estava para que con ellos quería consultar y dar horden en las cosas de su reyno y govierno dél y nombrar governadores para que después de sus días lo governasen, porque la enfermedad le agravaba y de cada día le hera mayor y pensava morir della. Y juntos que fueron los señores díjoles las razones que ya avéis oydo, a las quales les respondieron que él mandase y hordenase lo que mejor le paresçiese que convenía para que ellos mejor se sustentasen. 283
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