Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

enojado, no le respondieron a aquello cossa; e luego les dixo que si querían otra cossa, sino que se fuesen; e los señores le respondieron que no avían venido a otra cossa más de aquello que le avían dicho. E ansí se salieron estos señores e se tornaron a juntar como de antes avían hecho, en la qual junta platicaron cómo diesen horden para que Ynga Yupangue tuviese la borla del Estado que ellos tanto deseavan. E ansí acordaron de ello por sí y en nombre [f. 38v] de ellos mismos, de enbiar sus mensajeros a Viracocha Ynga, por los quales le enbiasen a rogar que tuviese por bien de venir a la çiudad del Cuzco, haziéndole saver el nuebo edifiçio della, el qual se holgaría de ber e por les hazer ellos merçed e contentamiento tuviesen por bien de dar a su hijo YngaYupangue de aquella venida que ansí viniese la borla del Estado, pues él se avía ya disistido della e dicho a los caçiques que a berle avían ydo que él se disistía della e la dava a su hijo Ynga Yupangue para que de allí adelante le tuviese e fuese señor del Cuzco e de lo a él subjeto, mediante lo qual ellos avían ydo a Ynga Yupangue a le rogar que le açebtase e tuviese por bien de que le fuese puesta en su cabeça por ellos, lo qual no avía querido hazer por le tener a él respecto como a su padre. Y esto ansí acordado por los señores en la manera que avéis oydo, enbiaron sus mensajeros a Viracocha Ynga adonde estava poblado en su peñol, el qual Viracocha Ynga, como biese la enbaxada que los señores le enbiavan, vino a la çiudad del Cuzco; la qual benida, como fuese savida por Ynga Yupangue, saliole a resçebir al camino e saludole como a su señor e padre e ansí entraron entranbos juntos en la çiudad. Y biendo Viracocha Ynga la çiudad tan bien obrada y edificada y los edifiçios della e supo la horden y govierno que Ynga Yupangue en ella avía puesto ansí de los depósitos como de todo lo demás tocante al bien de su república y el amor que ansí todos le tenían, ansí los de la çiudad como los demas caçiques y señores por el buen govierno con que los governava y merçedes que ansí les hazía; en presençia de todos los señores del Cuzco y caçiques que allí estavan, viendo la suntuosidad que representava la çiudad e sus edifiçios dixo Viracocha Ynga a Ynga Yupangue: Verdaderamente tú eres hijo del sol e yo te nombro rey e señor. Y tomando la borla en sus manos, quitándola de su misma cabeça, se la puso a YngaYupangue ensima de su cabeça. Y hera una costumbre entre estos señores que quando aquello ansí se hazía, el que la tal borla le ponía en la cabeça al otro, juntamente con ponérsela [f. 39] le avía de nombrar e dar nombre, el qual l[e] avía de tener 189

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