no hera a él [f. 18v] e como a sus tales vasallos dellos podía hazer aquello que bien le estuviese y él se lo agradesçió e ansí se partieron. En [sic: e] Ynga Yupangue se quedó en la çiudad e los tales señores e caçiques se fueron de allí derechos do Viracocha Ynga estava; e después de le aver hecho su devido acatamiento como Ynga Yupangue se lo avía mandado, le dijeron cómo Ynga Yupangue los enbiava allí a que viese en qué hera servido que ellos le sirviesen. E como Viracocha Ynga los viese delante de sí y tan gran multitud de señores y de tanto poder, holgose mucho dello porque dellos tenía gran nesçesidad al presente para que le favoresçiesen con algún tanto de su gente para edificar aquel pueblo que allí quería hazer e díjoles que fuesen muy bienbenidos. E lebantose de su asiento y abroçolos [sic] a todos e tornose a sentar y mandolos a todos que ansí se asentasen e mandó que sacasen muchos basos de chicha e que les diesen a bever; e luego les hizo sacar mucha cantidad de coca, una yerva preçiada que ellos sienpre traen en la boca, de la qual yerva la ystoria adelante dirá. E ansí repartida entre aquellos señores lebantose en pie Viracocha Ynga, considerando que pues su hijo le enbiava aquellos señores y ellos tanto le amavan y le querían por señor, que hera justo que él ansimismo en ello los animase. E ansí leshizo çierta oraçión, por la qual él de su parte les agradesçía lo que por él y por su hijo avían hecho e que ya sabían e abían oydo dezir que él hasta allí él avía sido señor del Cuzco e que él se saliera dél por causas que para ello le movieron e que de allí adelante Ynga Yupangue, su hijo, avía de ser señor en la çiudad del Cuzco e que a él obedeçiesen e respectasen como a su tal señor, que él desde allí se desistía de la ynsignia e borla real e la ponía en la cabeça de su hijo Ynga Yupangue. Todo lo qual, oydo por los señores, se lebantaron en pie e uno a uno fueron a él e le dieron grandes graçias y mostraron que resçebían en gran merçed a ellos hecho el tal disistirse de la tal dignidad y darla a su hijo Ynga Yupangue, que ellos tanto amavan e querían por señor; y esto hecho se tornaron a asentar. E Viracocha Ynga les rogó que por quanto él quería allí en el peñol donde estava edificar un pueblo y que para ello tenía nesçesidad de su ayuda e gentes, que les rogava que tuviesen por bien de darle aquel ayuda. A lo qual le respondieron aquellos señores que ellos avían venido allí para que él viese en lo que ellos le pudiesen hazer algún serviçio como su señor Ynga Yupangue se lo avía mandado; [f. 19] e que aquello y otra qualquier cosa que él mandarles quisiese, que ellos estavan prestos de hazer, que les 150
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