San Juan de Lurigancho Historia y Presencia

La pereza, el rechazo al trabajo, y las más graves representadas por las fugas, el suicidio, y finalmente la rebelión; se constituyeron en transgresiones cotidianas al orden esclavista, mera formas de resistencia esclava. Fig. 1: Esquema de embarcación y disposición de esclavos durante el viaje que los condujo desde África hasta su destino final en el continente americano Durante el virreinato era común que los esclavos escaparan de sus amos. Esclavos domésticos o agrarios (aunque más estos últimos; debido a la dureza del trabajo y los castigos), convirtiéndose en cimarrones. Los fugitivos tenían dos opciones: refugiarse en la ciudad, donde los callejones y tugurios de algunos barrios como San Lázaro eran un perfecto escondite, donde además tenían el apoyo solidario de los negros libertos. Otros, sin embargo, optaban por la protección que brindaban los bosques, pantanos y cañaverales. En estos lugares los negros fugitivos muchas veces se asociaron y formaron aldeas fortificadas, a las que rodearon con vallas de cañas. Estas rústicas poblaciones eran conocidas como palenques, que proliferaron en la costa, alcanzando su mayor auge durante finales del siglo XVII y principios del XVIII. En los alrededores de Lima surgieron en Villa, Carabayllo, Bocanegra y Huachipa, en lo que entonces era conocido como el valle de Lurigancho. Más alejados de Lima estuvieron los palenques de Huacho, Supe, Mala y Bujama. En los palenques los cimarrones reproducían la organización social colonial con una fuerte influencia de sus propias culturas africanas. Los líderes detentaban grados militares como generales y capitanes, cargos administrativos como alcaldes, y tenían atribuciones de gobierno y administración de justicia. En resumen, los líderes, al igual que los nobles españoles, gozaban de todos los privilegios, y asumían patrones señoriales. En estos refugios los negros fugitivos estaban parcialmente ocultos de las partidas de la Santa Hermandad, un cuerpo policial que actuaba en las zonas rurales, pero el lugar por ellos elegido no les proporcionaba todos los recursos necesarios para su subsistencia por lo que siempre debían relacionarse con las haciendas vecinas, sea comerciando, ofreciéndose como peones o robando.

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