Foto 05. Señor Palacios, recibiendo un premio, su potranca Farsana fue ganadora de la Polla en 1971. (Fuente: Salomé Paredes) En Lima, la capital, las cosas ya corrían con cierta velocidad. Siendo ya la década de los años 40 en Lima circulaban los automóviles, luego durante los años 60, la televisión era un fenómeno que enloquecía a grandes y chicos. Sin embargo, la vida en el valle Lurigancho parecía no ser tocada por todo este alboroto y bullicio, y la gente pasaba el día entre arados, caballos y gallinas; aunque, eso sí, siempre acompañados de algún éxito radial. Máximo Gestro, hijo del primer mayordomo de la hacienda Ascarrunz, cuenta que los pequeños de entonces caminaban desde El Pueblito hasta Mangomarca, para poder ver algún programa de TV, y que luego volvían a casa cerca de la medianoche. Un testimonio Mi trabajo era «galopear» a los tres padrillos, pero al día solo galopaba a dos y a uno lo llevaba al potrero que era una circunferencia de terreno con adobes y una puerta. Dejaba a uno para que se divierta solo y a los dos los galopaba uno por uno a paso redoblado o a veces a paso ligero. Era un galpón inmenso y al costado había chacras, potreros con siembra de alfalfa. En esos potreros estaban las yeguas, ellas comían su alfalfa y cuando yo pasaba por ahí con Británico, este corría cerca de un potrero y en el momento que venía una yegua, frenaba en seco y se paraba en dos patas y yo, para no caerme, estaba alerta y me agarraba del crin. Cuando bajaba, comenzaba a galopar de nuevo hasta cumplir una hora, me bajaba, descansaba un poco y le daba de tomar agua y le colocaba en su cuarto [. .. ] de ahí venía un amigo que se encargaba de darles los alimentos a los caballos y yo me iba a galopar al otro padrillo y así [...}65 Sin embargo, el trabajo en el haras no era cosa sencilla. Y es que había que estar pendiente de cada paso en el círculo evolutivo del corredor, desde el vientre de su madre, sus vacunas, alimentación, limpieza y correcto entrenamiento, hasta el momento en que se decidía si se quedaba en casa o se ponía en venta. El haras Lurigancho era un negocio, el mismo que contaba con gente dedicada a posibilitar actividades diversas: alimentar, cuidar a los potrillas, proporcionar medicamentos y otras. Dada la importancia del trabajo, estas personas eran asalariados que además figuraban en planillas, libros contables y otros. Además de sus datos, figuran estampillas, fotos antiguas y mucha información notable (por ser ellos los primeros moradores del distrito), incluso cuando en 1967 se fundaría ahí mismo el distrito de San Juan de Lurigancho. Muchos de los recuerdm, y relatos de los vecinos encierran además importantes crónicas sobre sucesos diversos, terremotos, la construcción de la primera capilla, las celebraciones, las asambleas, la reforma agraria, la intervención de grupos subversivos, y otros que son algunos de los muchos relatos que se obtuvieron durante esta investigación 65 Compilado de una entrevista al señor Daniel Huamán.
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