Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
COMPOSICION DE LOS EJERCITOS REALISTA Y PATRIOTA 77 Ecuador, dieron a la Patria los inmarcesibles lauros de Pichincha (52); y 6?. Los "Cazadores de Paita", el batallón "Trujillo, número 2 del Perú" y el "Piura, número 4 del Ejército Peruano", que, constitu– yendo la división Santa-Cruz, obtuvieron, el 24 de mayo de 1822, el referido triunfo, "sellando con su sangre la paz de Colombia y la libertad de Quito" ( 53) . XIII Apelemos, en fin, al imparcial y respetabilísimo testimonio de un general extranjero, a quien, según sus propias palabras "cupo la singular fortuna (entre todos los jefes que salieron con el ejército expedicionario de Valparaíso, el 20 de agosto de 1820) de haber sido el primer oficial patriota que desembarcó en la costa del Perú en 1819, y de haber oído los primeros y últimos tiros disparados en la guerra de la independencia peruana". Ese general fue el valiente y abnegado Miller, "único jefe (son también sus palabras) -entre los venidos del sur- que se halló presente en la grande y final victoria de Ayacucho". "De cerca de cinco mil hombres -dice el brillante jnglés- que salieron de Valparaíso en 1820, sólo diez ofi– ciales y noventa soldados continuaban en activo servicio en el Perú, que pudieron hallarse presentes en la última victoria" ( 54). Y, en efecto, los colombianos traídos por Bolívar, que no eran tan nume– rosos que digamos (como ya veremos), y el ejército levantado por el Libertador en el norte del Perú, desde Lambayeque, Cajamarca y Trujillo, hasta Huaura, Huánuco y Junín, fueron los únicos que, he- (52) Basta citar, entre los de este grupo, al conde de Olmos, futuro ge– neral D. Luis José de Orbegoso, presidente del Perú; y el sanpedrano Rázuri (Andrés),.famoso por la mentira histórica que, del fondo de una derrota com– pleta, suscitó la gloriosa victoria del 6 de agosto de 1824. (53) Palabras de Bolívar en la nota dirigida a Santa Cruz el 18 de junio de 1822.- Odriozola, op. cit. V, 33 y 34. (54) Memorias, ed. de 1829, pág. 224.- El general que citamos dice en seguida, corroborando todo lo que, respecto a la enorme disminución de las tropas argentino-chilenas, hemos narrado anteriormente: "Además de las pér– didas naturales por acciones de guerra, muchos de los de mayor graduación fueron depuestos por las facciones; muchos perecieron por las enfermedades endémicas del país; y no pocos, por falta de asistencia médica. Los hospitales hallábanse en un estado calamitoso, que apenas puede concebirse; en todo el ejército tal vez no había tm cirujano de regimiento; y el estado mayor de me– dicina se componía de tan pocos individuos, que los soldados enfermos o heridos, quedaban, puede decirse, entregados únicamente a la naturaleza. La falta de medicinas algunas veces era mayor que la de facultativos".
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