Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

506 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ moverse, de salir. A semejanza de Monteagudo, que quizá sirvióle de modelo, ostentó sus ribetes de cruel y sanguinario (23) y mostróse a la par disipado y sibarita (24). Lujurioso como buen cartagenero, era, en cambio, valiente como sus coterráneos, si bien testarudo como un aragonés; y, en tratándose de la brega y del trabajo, firme de carácter en aquélla, y, en éste, dotado de laboriosidad sin tregua. Dejónos abundantes escritos de prensa y de panfleto; en todos los que, si se revela político un tanto mezquino y desgraciado, luce co– mo apreciabilísimo literato y filósofo distinguido. Su obra más sa– liente fue su necrología de Bolívar (25). Pero consagróse, de prefe– rencia y habitualmente, al periodismo. Como orador, fue sobresalien– te, no tanto por el nervio y la penetrante intención, cuanto por la fa– cilidad deslumbradora y una inagotable facundia (26). Poco escrupu– loso en los fines y en los medios; despreciador, sincero o sistemá– tico, de la opinión y de las apariencias, tachóse frecuentemE:nte, con razón o sin ella, su conducta (27). Deslució su figura histórica con el cambio rápido de teatro y de ideas, de compromisos y afeccio– nes; y contribuyó eficazmente a la anárquica vida de estas naciona- (23.) En Quito, y como ministro de Hacienda de Flores~ hallámosle, en 1833, presenciando el trerible degüello del 19 de octubre, preparado por el mis– mo presidente Flores, dejado hipócritamente para realizarse bajo la admi– nistración del vicepresidente Larrea, y consumado traidoramente por los mi– nistros San Miguel, Pallares y García del Río. V. la obra El Ecuador de 1825 a 1875 por Pedro Moncayo, págs. 85 a 87. (24) "García del Río, un sibarita, disipador, ávido de plata para dar pá– bulo a sus pasiones y a sus vicios". Op. cit., pág. 74. (25) Inserta en la Vida del Libertador de Larrazábal al final del tomo II. (26) Moncayo habla de la "velocidad asombrosa'' con que García del Río se expidió en la memorable sesión legislativa del 14 de setiembre de 1833.-0p. cit., págs. 74 y 75. (27) He aquí lo que del personaje en cuestión decía el olímpico Rocafuer– te, diputado entonces por la provincia de Pichincha y presidente después del Ecuador, en la renuncia que presentó al Congreso de su patria el 16 de setiem– bre de 1833; "Creo mi primer deber protestar solemnemente contra los aten– tados últimamente cometidos por un malvado Ministerio. Sí, malvado repito, Y paso a la prueba. ¿De quiénes se compone el actual Gabinete? De un vil García del Río, de uno de esos fenómenos de iniquidad que brotan las revoluciones, y que la opinión pública de los habitantes de Lima designa como el ladrón del empréstito del Perú; del mayor enemigo de la independencia del Ecuador, pues fue el sanguinario Ministro del usurpador Urdaneta; en fin, que, por sus crímenes y ligerezas, salió expulsado de su país natal en el año de 1830.-De un godo hipócrita (Pallares), de un esclavo de Fernando VII, que se ha conver– tido en verdugo de la libertad ecuatoriana. De un letrado públicamente tacha– 'do de venal (San Miguel), siempre vendido al poder triunfante, y que aún está salpicado con la sangre que hizo derramar de los ínclitos patriotas ¿Qué

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