Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

484 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ 1789, obtenía por oposición la cátedra de anatomía primero y la en– tonces denominada de prima de medicina, meses después. Así, al mismo tiempo que en Europa estallaba la revolución política más trascendental y memorable de la historia, aquí surgía a la luz de las lides y glorias universitarias, el autor de otra revolución, incruenta y meritoria, en los anales científicos de nuestra república. Las puertas del porvenir abriéronse, amplias y risueñas, para el joven catedráti– co, que de golpe escaló brillante puesto en las esferas intelectua!es de su patria, y desde ese instante, alternó por igual, con todas las no- . tabilidades de la misma. El momento le fue propicio. Iba la colonia a sacudir -por su– puesto con la limitación de sus alcances y medios- el profundo le– targo en que hasta entonces había encontrádose sumida: preparába– se lo más selecto de su clase ilustrada y pensadora a dar viva mues– tra de sus aptitudes, descubriendo un fondo de estudio y de saber capaz de igualar, si no superar, los ostentados por otros pueblos más antiguos y cultos. Nos referimos a la fundación de la célebre ~ociedad "Amantes del país" y a la publicación del famoso Mercu– rio peruano; periódico en que aparecieron condensados los progre– sos regionales de la época. Y que el gran Humboldt creyó digno de lugar preferente en la biblioteca real de su patria, considerando honor suyo el colocarlo en los anaqueles de aquella por sí mismo. Bien merecen esos dos relámpagos reverberantes de nuestras ti– nieblas coloniales, que les consagremos unas cuantas líneas. IV El 25 de marzo de 1790, ya en plena revolución francesa, llegó a Lima el virrey don Frey Francisco Gil de Taboada Lemus y Villama– rín; hombre ilustrado y progresista; súbdito convencido y leal a su rey; incapaz, por eso, de hacer nada que menguase su respetabilidad y su poder; pero imbuído, hasta donde posible le era, de las noví– simas tendencias de la época; dotado de ideas y sentimientos eleva– dos; gran aficionado a las letras; gozoso de conocer y tratar a los hombres de saber que las cultivasen; y dispuesto a impulsar las luces y a promover todo género de adelantos, en la medida que las cir– cunstancias y sus condiciones personales u oficiales consentían. Mu– cho debió esperar la colonia de tales dotes, y a la verdad que esa esperanza no salió fallida. El período virreinal de Taboada y Lemus -entre otros esfuerzos pertinentes a diversos ramos, como la intro– ducción de dos bombas de apagar incendios, primeras que se cono– cieron en el país; la institución de la primera junta de sanidad; la

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