Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
CAPITULO V PRIMER GABINETE REPUBLICANO.- LOS MINISTROS DEL PROTECTOR (continuación) UNANUE Y GARCIA DEL RIO 1 Pasar de Monteagudo a Unanue es como descender de la montaña bravía, encasquetada de nubes, asaeteada por el rayo y rasgada por los cataclismos, a la llanura amplia y silenciosa, adormida bajo la sombra, pletórica de árboles y plantas, ornada de flores, pájaros y frutos; es arrancarse a los tormentosos sacudimientos de las pasio– nes avernales, para hundirse en los plácidos encantos del altruismo y la beneficencia y en los fecundos y escondidos éxtasis de la sabi– duría. Delineamos previamente los personajes, sin entrar todavía en la estricta estimación de su valer político, obligados como estamos a mostrarlos, a exhibirlos, tales como fueron, en el momento solem– ne de su comparecencia ante la historia. Aún puede suceder que, parangonado éste que ahora se nos pre– senta, con el que dejamos contorneado en el precedente capítulo, el sabio, modesto y bondadoso, se nos ofrezca, en las esferas del poder público, como una estimable medianía; pero, considerados ambos individualmente, complácenos la transición, ya que, en ella, la paz y sus conquistas, la ciencia y sus ofrendas, la virtud y sus callados triunfos, surgen a infundirnos esa calma inefable a que aspira el áni– mo hastiado de las luchas de los hombres, de sus ímpetus y pasio– nes, de sus odios y de sus iras. Laborioso y sabio, modesto y virtuoso, escritor fecundo, literato apreciable, orador elocuente; hombre, en su esfera, de acción profi– cua e infatigable; espíritu creador, abierto y progresista; gran médi– co para su tiempo, gran organizador y, sobre todo, excelso filántropo, Unanue es uno de aquellos hombres que, como acabamos de decirlo, cierran un paréntesis de luz y de quietud en las sombrías y tem– pestuosas páginas de la historia, y derraman el descanso y el con– suelo en medio a sus ruidosas y ensangrentadas perspectivas.
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