Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
448 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ actos, triunfos y yerros de éste; y en consecuencia contrajo la peor parte en la responsabilidad procedente de los tropiezos y fracasos que, para su felicidad próxima y destino remoto, encontró en sus comienzos el pueblo recientemente independizado. Ese era Monteagudo. II Largo tiempo y benedictina labor ha exigido el descubrimien· to de su patria y origen, que, durante toda su vida, sepultaron en impenetrable misterio la vanidad y el orgullo del tremendo minis· tro. Hiciéronle unos cordobés; otros, tucumano; éstos, chuquisa· queño; aquéllos, mendocino; quienes, uruguayo; quienes, chileno; y no faltaron algunos que, saltando sobre su extranjería notoria, aun supusiéranle nacido en el Perú. No es que aquellos lugares y pueblos se disputaran, como las trece patrias de Colón y las siete de Homero1 la gloria de haberle visto venir al mundo. Acabamos de decir que sólo una vanidosa reserva pudo hundir en las sombras más densas el sencillo relato de su temprana vida (:1). Al fin se ha averiguado que nació en un caserío o aldeliuela nombrada Campo -de- las-carreras, ubicada a las proximidades o extramuros de 1a ciudad argentina de Tucumán, y poblada, hacia aquellos tiem· pos, "por gentes humildes: jornaleros y peones en su mayor par· te" (2). III En ese lugarejo, sin que se haya podido precisar el día, inició· se en 1785 la agitada existencia del futuro tribuno, escritor y gober· nante. Fué su padre un individuo oscuro, español de nacionalidad, (1) Pueden leerse en Fregueiro (Ensayo biográfico de don Bernardo de Monteagudo, Buenos Aires, 1879, págs. 13 a 20), las multiplicadas versiones que, hasta ahora, se han dado, relativamente a la patria y los padres de Mon- 1.eagudG. Una de ellas lla~a la atención sobre todas; y es la ofrecida por El Si– glo de Chuquisaca, del 16 de octubre de 1878; periódico que llega hasta señalar el lugar del nacimiento -casa fronteriza al Seminario de Chuquisaca-; a fijar el lugar, el ministro y la fecha del bautizo -parroquia de San Miguel, presb1- Lero Cortázar, 14 de julio de 1785- y hablar de una copia certificada de la co– rrespondiente partida, existente, dice, en el archivo del bibliógrafo chuquisa– queño Samuel Velazco Flor. Dos testamentos, encontrados en Tucumán -uno del padre y otro de la madrastra de Monteagudo- no obstante las saltantes contradicciones que también entre ellos existen parecen haber dejado re– sueltas las cuestiones y dudas, en el sentido que, por suponerlo más exacto, preferimos para nuestra narración. (2) Fregueiro, ob. cit., pág. 13.
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