Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

LA JUNTA PACIFICADORA 227 (3); dos capitanes de fragata: D. Manuel Abreu, el comisionado regio acabado de llegar a Lima, con las prevenciones que daban existencia a la flamante junta; y don José Ignacio Colmenares, gran lasernista y enemigo acérrimo de Pezuela (4); el canónigo magis– tral de la catedral capitolina, Dr. D. José Manuel Bermúdez (5); y el Alcalde ordinario de segunda nominación del Cabildo de Lima, Dr. D. José Galdiano y Mendoza (6). Esta junta, que, por la mayoría de sus entidades componentes (siete militares o marinos, y sólo dos personajes civiles), parecía más bien una junta de guerra que de armonía y de conciliación, reunióse en el palacio de los virreyes el 8 de abril; y, de acuerdo con su manaato o sea con la razón y la finalidad únicas de su exis– tencia, determinó que el virrey, como presidente suyo, se dirigiera a San Martín, abriendo las negociaciones de paz que S. M. el rey de las Españas pretendía. (3) Español, capitán de navío en 1809; brigadier en 1816; jefe de escua– dra en 1819; comandante del apostadero naval del Callao desde 1816; enviado e Guayaquil en persecución de los corsarios independientes en 1820, con las fragatas Esmeralda y Venganza; embarcado en la Prueba y salido de la Puná tras la corbeta patriota Rosa de los Andes, varada en Izcuchaca (Chocó); ren– dido en el Callao con La Mar, en 1821; y vuelto inmediatamente a la Península ,donde falleció años más tarde. (4) Llegado a Lima en 1804, como capitán de navío y comandante de la corbeta de guerra El Peruano, con la misión de arreglar las matrículas de las subdelegaciones de marina del apostadero del Callao; enviado, con el mis– mo buque, a Juan Fernández, a extirpar una colonia yankee allí aparecida repentinamente con fines de ocupación calculada, quizás si oficial; colonia cap– turada y traída prisionera íntegramente al Perú; y luego mantenido fuera de servicio por enfermedad o por incapacidad, como alguien dijo, hasta que, tras– ladado a España, falleció allá sin gran figuración posterior. , (5) El gran quechuista y conocido biógrafo de Santa Rosa; tarmeño de ,nacimiento; cura y vicario de Huánuco desde 1789 hasta 1803; medio racionero del coro de Lima en 1804; racionero en 1806; canónigo magistral en 1812; can– celario de la Universidad en 1819; y deán de nuestra iglesia metropolitana en 1822. Murió en 1830. Fue gran orador y escritor estimadísimo. Es autor de una de las mejores gramáticas quechuas y del más completo de los diccionarios de ese idioma; y brilló como uno de los más apreciables colaboradores del fa– moso Mercurio Peruano de Lima. Entre sus oraciones fúnebres (género orato– rio en que especialmente descolló), cítanse como principales las pronuncia– das a la muerte del obispo del Cusco Dr. D. Agustín de Gorrichátegui (1776), del arzobispo de Lima Dr. D. Juan Domingo Gonzalez de la Reguera (1805); y del notabilísimo peruano presidente de las cortes españolas de Cádiz, Dr. D. Vicente Morales Duárez (1812). (6) Limeño, nacido en 1780 (7 de julio); doctor in utroque jure; catedrá– tico de San Marcos; alcalde ordinario de Uma, como se apunta en el texto; ,cruzado de la orden de San Juan; abogado y vocal de la Corte Suprema de

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