Género y conflicto armado interno en el Perú

e internacionales. Muñoz (1999) sugiere que las organizaciones de derechos humanos promovieron que las organizaciones de familiares de víctimas, una vez creadas, trabajen la metodología y procedimientos desarrollados por la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares Detenidos-Desaparecidos (FEDEFAM). Destaca que, para participar de estos espacios, las integrantes de ANFASEP viajaban desde Ayacucho a Lima, donde les enseñaban las nuevas formas de protestar, al igual que en Plaza de Mayo en Buenos Aires, portando fotos de los parientes desaparecidos, resistiendo el desalojo violento de la policía y dando sus testimonios a los periodistas. Muñoz explica que, en este proceso, las presidentas de ANFASEP aprendieron a elaborar un discurso para ofrecer una imagen de sí mismas como dirigentes y para legitimar su representación. Tamayo (2003) señala que las organizaciones de derechos humanos impulsaron la formación de ANFSASEP y que su formalización legal se dio a partir de dos hechos: a) su constitución como asociación de derecho privado en 1990 y b) la adquisición de un local propio en 1991. Identifica el período 1992-2000 como una etapa de debilitamiento, debido a que, ante la falta de respuesta del Estado y el amedrentamiento y persecución a los dirigentes —que eran acusados de terroristas por el Estado—, muchos familiares dejaron de participar. Cóndor (2007) analiza la dinámica interna de ANFASEP y establece que hay un cambio generacional entre las madres, que se perciben como víctimas, y sus hijos e hijas, que no se sienten víctimas directas del conflicto. Esta podría ser una de las causas de los conflictos intergeneracionales al interior de esta organización. Además, esta autora documenta las acciones, lugares y circuitos de búsqueda que siguieron las integrantes de ANFASEP para buscar a sus familiares desaparecidos. Cóndor es crítica al señalar que las «las organizaciones de derechos humanos refuerzan la victimización de ANFASEP identificándolas como mujeres quechua hablantes, de origen rural, analfabetas, ancianas, pobres, o sea en situación de desventaja, y no les permiten lograr su autonomía» (p. 18). Esta autora coincide con Muñoz (1999) al plantear que las ONG establecen vínculos paternalistas y verticales con ANFASEP. Por su parte, Tamayo (2003) precisa que la organización es de naturaleza matriarcal y caudillista y es manejada por un solo grupo, pues ha tenido la misma junta directiva por alrededor de diecisiete años. Estos análisis sobre ANFASEP se centran sobre todo en la organización y las dinámicas que establecen sus integrantes en tanto representantes e integrantes de la misma, pero además elaboran un 91

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