En este texto presentamos reflexiones y estudios que forman parte de un largo y dramático recorrido. Debates políticos, textos académicos, testimonios de parte y narrativas de experiencias vividas remiten a un período de nuestra historia que se resignifica en el presente como parte de una tensa relación entre memoria y poder. Nos referiremos sobre todo al período de conflicto armado interno y a los trabajos de memoria analizados desde las ciencias sociales, poniendo atención a la relación entre memoria y género. Tomar la palabra y hacerse visible fue un esfuerzo laborioso; a veces personal, a veces colectivo. A comienzos del siglo XX, mientras movilizaciones campesinas y luchas obreras ponían de manifiesto demandas de amplios sectores marginales en el escenario público nacional, y corrientes indigenistas protestaban por el abandono y el maltrato de poblaciones indígenas, poca atención se prestó a sus voces. En ese período también encontramos mujeres destacadas que recorren difíciles caminos en la literatura y en la política3, aunque son escasos los trabajos que dan cuenta de la participación de las mujeres en las luchas sociales4. Décadas después, la presencia de las mujeres en el tejido social irrumpe masivamente y son sus voces colectivas, las de las dirigentes de base, de gremios o de colectivos feministas las que cobran protagonismo, aunque de modo errático e irregular5. Es un período en que se observa creciente interés por hacer oír las voces de las mujeres, la literatura de la época da cuenta de la vida cotidiana de mujeres de sectores medios y populares6. Estos sectores —campesinos, mujeres, luego poblaciones afectadas por la violencia política, poblaciones originarias y colectivos de la diversidad sexual— no solo reclaman reconocimiento, sino que demandan justicia en sus varias dimensiones: justicia distributiva, de reconocimiento, reparativa y jurídica. Estos procesos trascienden sus dinámicas específicas y repercuten en la producción de conocimiento y en el reconocimiento de saberes, suscitando interrogantes necesarias sobre desde dónde y cómo abordamos la subalternidad y las diferencias, y cómo nos relacionamos con las voces confluyentes y disidentes. Las relaciones de poder en las guerras, en los mercados capitalistas, en las comunidades patriarcales, en las mentes y pueblos colonizados modulan ese día a día en formas a menudo poco visibles, con violencia sutil o brutal hacia las mujeres. No debe sorprender que los trabajos que se incluyen en este libro pongan especial atención sobre esas vidas y voces. 11
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