Flora Tristán, precursora

• (3) -- Id. Ed. Fontamara. ·,. (4) Dominiquc Desanti .. Flora Tristán, la femme revoltée" - Lib. Hachet. Pa• rís. 1972. ---- (5) UNION OBRERA de Flora Tristan. (6) UNION OBRERA - F. Tristan. Cp. VI (1) Apuntes de Flora en UNION OBRERA: "Aristóteles, menos sentimental que Platón, planteaba. sin llegar a resolverla, esta pregunta: ¿Tienen las mujeres · un alma?, pregunta que se dignó contestar el Concilio de Mácon, positivamente por una mayoría de tres votos. "La Falange". 21 de Agosto 1842. De esta · forma por tres votos menos. se hubiera reconocido quf' la mujer pertenece al reino animal a los irracionales, y siendo así et hom– bre. el dueño, el señor se hubiera visto obligado a cohabitar con un ani– mal irracional. El autor del Eclesiastés ha llevado el orgullo de su sexo hasta decir: ºMás vale un hombre vicioso que una mujer .virtuosa". . ~ -La mayoría de los sabios, ya sean naturalistas, méqicos o filósofos. han concluido más ·o menos explícitamente la inferioridad de la mujer. • -"La mujer ha sido hec_ha para el hombre" (San Pablo). (2) FLORA _TRISTAN. Unión Obrera. (3) "Citaré aquí en apoy.o de lo que expongo referente a la brutalidad de las mujeres del pueblo- y también a la excelencia de su naturaleza, un hecho que ocurrió en Burdeos en 1827, durante mi estancia en esa ciudad. Entre las vendedoras de legumbres que tienen su puesto de venta al aire libre en la plaza del mercado, había una temida por todas las criadas, tan insolente era, mala y . brutal. El marido de esta mujer era basurero y recogía· los lodos en las calles de la ciudad. Una noche regresó y la co– mida no estaba preparada. Se suscitó una disputa entre el marido y la mujer. De las injurias, el marido quiso llegar a la vía de los hechos y le dió una bofetada a su mujer. Esta, que en el momento preciso cortaba la comida con un gran cuchillo de cocina. exasperada por la ira. se aba– lanzó sobre su marido con el cuchillo en la mano v le atravesó el cora- zón. Este cayó muerto en redondo, la mujer fue llévada a la prisión. • · Al ver a su marido muerto, esta mujer tan brutal, tan malvada. se vió atenazada por un dolor tan grande, un arrepentimiento tan _grande, que, a pesar de su crimen, inspiró a todo el mundo no solamente com– pasión, sino. incluso, respeto. Fue fácil _ establecer que había sido el ma - rido el que la había provocado; que el.,., homicidio había si'do cometido en un momento de ira, pero sin ninguna premeditación. Su dolor era tal que se temía· por su vida y como alimentaba a un niño de cuatro mese~. el juP.z de instrucción intentó calmarla y le dijo que podía tranquilizarse porque sería absuelta. Pero cual fue la sorpresa de todos los asistente~ cuando oyeron las palabras de esta mujer que gritaba: "¡Yo absuelta!. Ay, señor juez, ¿qué -se atreve usted a decir:J ... Si se absuelve a una ·mí – ~erable como yo, no habrá ya ninguna justicia sobre la tierra. Se usaron todos los razonamientos para hacerla comprender que no .,, era en absoluto una criminal puesto que no había tenido la intención ch~ cometer un homicidio, "¡Ah, qué importa la intención •-- r.epetía - . si ha~ 147

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